Archivo del blog

martes, 28 de marzo de 2017

El otro lado de "Las Margaritas Amarillas"


 Ni siquiera busco el cuadro de Lucía; es imposible que no esté frente a la escalera; lleva treinta años allí; se llama “Las Margaritas Amarillas”: flores sencillas y mucho sol;  así ve Lucía nuestra vida de amor; ¿o la suya con la mía? Cada uno en sus asuntos, pero siempre juntos entre largos silencios.
¿Por qué jamás entiendo cuando me pregunta: “Arnoldo, ¿qué hay al otro lado de mis margaritas?”. Yo me río; pienso que es un poco boba.
Acabo de despertarme sobresaltado por un estallido de vidrios y maderas, y un golpe sordo  envuelto en un grito de angustia y dolor.
—¿Lucía? ¿Qué pasó?
Silencio, su cama está tendida y vacía.
Casi olvido manotear una linterna; no hemos pagado la luz; malos tiempos para los viejos solos. Voy bajando la escalera; rengueo descalzo  y jadeante.
Busco a nivel del piso, desde el último peldaño. El pálido rayo de la linterna  sugiere cortinas, muebles; nada extraño, al parecer.
Veo un banquito caído al pie de la pared; el fuerte soporte del cuadro está casi arrancado y sostiene una soga sucia; un tarro de pintura negra vuelca mansamente su contenido sobre el cielo diáfano del cuadro.  Y justo al pie de la escalera, como en una pira presta al holocausto, se desparrama el cuerpo mudo y gastado de Lucía, desarticulado sobre vidrios, astillas y flores; Lucía y el otro lado de sus Margaritas Amarillas.
Me imagino la soga en el soporte de su cuadro, mientras Lucía, desde el banquito,  trata de escribir un mensaje póstumo antes de colgarse; lucha con la soga y el pincel y el tarro; se viene en banda, con todo, y se rompe la cabeza.
Ya estoy demasiado viejo para andar sin chancletas sobre el estropicio; me siento a llorar a la espera del amanecer y de algún auxilio; sé que está muerta; ni siquiera procuro tocarla, ayudarla, besarla. ¿Qué hay al otro lado de una vida que se rompe?
Oigo en el aire polvoriento su añosa cantilena: “Arnoldo. ¿Qué hay al otro lado de mis margaritas?” Ahora sé lo que hay: vacío, tristeza y soledad.