
Mi corazón, juguete bailarín, revoloteaba sin rumbo de una a otra primavera. Un día, en una de las complicadas curvas de la vida quedó suspendido su vuelo de picaflor cuando oyó otro latido: era tu corazón que también bailaba y cantaba, vuelteando por la vida. Nos escuchamos, afinamos, y desde entonces aleteamos juntos, sin rumbo fijo,siempre rodeados de primavera.
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