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viernes, 7 de diciembre de 2018

Mi Guitarra



En el fondo del alma, mi guitarra
yace mustia.
Oprimida por las penas de la vida
está callada.
Y la extraño. Es preciso
que se escuche de nuevo su latido;
el bajo firme de sus tres bordonas;
y que renueve el aire de mi vida
el trino de sus “primas”, ardientes y afinadas.
Prioridad absoluta para el vuelo
le he asignado a la música de mi alma;
porque su voz alienta muchas voces
que se están marchitando.
Una escala difícil voy pulsando
con mis dedos cansados y tristones,
a veces sollozando.
Pero, con la constancia de una madre,
la despierto y le lavo bien la cara,
y la llevo conmigo a caminar
donde haya luz de sol y muchos cantos.
Reciclo mi dolor en margaritas
de esperanza.
Desde mis gestos flojos van subiendo
en arpegios indecisos, mis sonrisas nuevas,
como las dos hojitas de una planta;
y veo que aparecen
los pequeños botones de los sueños
renovados.
Se ensanchará mi corazón en coplas
cuando por fin, afine mi guitarra




Guitarra (Lorca)


La guitarra*
Cuando se rompieron las copas de la madrugada comenzó a nevar.  Entonces despertó llorando el primer pájaro que creían muerto por decreto; y también la bandada de los que habrían seguido muriendo: despertó la poesía sollozante, despertó el llanto de  la guitarra.
Lloró por el canto prohibido y por las castañuelas mudas; lloró por la muerte de la amistad y de la fiesta del  amor desinhibido;  y por la gente hambrienta escondida como los ratones en la negrura de sótanos y armarios.
En los remolinos de un viento silencioso vibró el baile de los copos;  y sobre la callecita del pueblo danzaron imposibles camelias blancas.
Por encima de la sangre y el miedo, la guitarra malherida siguió sangrando gotas secas entre los dedos fantasmales del alma del pueblo.  Era en España, donde el corazón se escapa  entre los dedos, por la boca de la guitarra; llora, pero siempre canta.

*Texto motivador:
La Guitarra (Federico García Lorca)




jueves, 6 de diciembre de 2018

Prioridades


PRIORIDAD, DESENREDARME
Se acabaron los relojes y los torneos. Llegó la vejez.   Justo hoy, cuando me levanté nostalgiosa y depresiva, llueve a baldes y se cortó la luz. ¿Y ahora qué?
 Me quedaría en la cama, tapada hasta la cabeza, enfurruñada… Oyendo caer la lluvia… con los ojos bien cerrados

Como vivo “de prestado”, hoy no tengo prioridades.
Tengo tiempo para todo, y pocas ganas de nada;
 me da igual qué va primero, si no duele demasiado.
¿Será esta la prioridad?
—Señora—advierte un experto— no es cuestión de respirar.
Mientras usted está viva, viva usted con calidad.
Ejercite sus neuronas, no se deje manejar.
Haga cursos variopintos, viaje con los jubilados,
origami, crucigramas; salga usted a caminar.
—Lo cierto es que no me dejo manejar, mi buen doctor.
No me deja la memoria, la verdad:
 me olvido de los remedios, de hacer bici e ir a nadar.
En cambio, si tengo ganas ,
toco el piano, escribo cuentos,
cocino, arreglo el jardín…
Nada de esto me desvela, salga bien o más o menos.
Tampoco son prioridad.
—Socialice, mi querida; salga y vaya de visitas;
comparta sus experiencias; pruebe a buscar compañero,
( ¿Otra vez? ¡¡Para qué!!)
Y por sobre todo, y todo, actualice sus principios.
Las costumbres han cambiado, las preferencias, también.
—¿Y esto qué es? ¿Dice usted que mis códigos no sirven?
 ¿Y que no me escandalice por lo que hoy día está bien?
¿Qué es vivir con calidad? ¿Cuál será la prioridad?
No soporto el colectivo: me paseo por el chat.
Me paseo y borro videos repetidos a granel
por los mismos jubilados que frecuento en el taller.
¡Uf! Me duele la cintura; se me acalambran los pies.
Mucha cama, me parece; unos mates me harán bien.

domingo, 2 de diciembre de 2018

El sauce del polizonte



En un descuido del centinela, el adolescente, rústico y frágil, trepó al barco de los inmigrantes, y se escondió debajo de un amasijo de toneles, sogas y botes; un paisano, grumete, le había preparado ese rincón. «Si te pillan será cuando ya estemos en alta mar; a lo sumo te darán un par de azotes, pero no te echarán al agua; nunca viene mal un chico que baldee y pele papas a cambio de la comida». Y, en efecto, logró llegar a América; en su bolsillo aleteaba un paquetito de semillas de sauce y de tierra de la ribera… la ribera bajo los sauces… los amigos… las fiestas… aquella moza… Tal vez la vida le reservaba otra mujer; lo importante era estar vivo y en América. Y allí arraigó.
Pasaron los años; trabajó y salió adelante;  tuvo hijos que crecieron junto con los sauces sembrados en el patio de  la casa.
El nieto adolescente también guardó semillas; lo conmovía la historia de su abuelo polizonte; lo amaba y lo sentía en sus raíces; sabía de los árboles, de la aldea,  de los amigos y las mozas, del viaje en el barco sucio y denigrante.
Profeta de la triste suerte de los bosques, al viejo le había encantado la idea que él le mostró por Internet: hacer de cada cuerpo un nuevo árbol y de cada cementerio un nuevo bosque.
 Se había ido hacía  varios años y él había puesto semillas en su sepultura de ramas y trapos viejos; entre otros, la  bolsita con algo del polvo del terruño.
Hoy, ya hombre,  ha venido a visitarlo; a leer a la sombra de su abuelo-árbol;  se sienta bajo el sauce, con los pies descalzos en el pasto húmedo.  El aire del atardecer susurra entre las ramas una copla vieja y en la luz irisada, el árbol semeja una cabellera de mujer: alguna novia perdida anda rondando al abuelo.


domingo, 25 de noviembre de 2018

De lauchas y tramperas


De Lauchas y Tramperas
Habida cuenta de que usé la palabra“laucha” en una plataforma de España, y de que dicho sustantivo parece no estar registrado en el acervo de la Península, explico esta palabreja tan finita como sus dueños: Laucha es un ratoncito de los que se meten en las cocinas (tipo "Tom y Jerry"). Se supone que la palabra es de origen mapuche.  
Aquí les muestro un texto literario en donde está usada en sentido figurado:
“El casamiento de Laucha” Fragmento inicial
de Roberto Jorge Payró
Novelista, cuentista y periodista argentino. (1867/ 1928).
   “El nombre de Laucha -apodo y no apellido- le sentaba a las mil maravillas.
     Era pequeñito, delgado, receloso, móvil; la boca parecía un hociquillo orlado de poco y rígido bigote; los ojos negros, como cuentas de azabache, algo saltones, sin blanco casi, añadían a la semejanza, completada por la cara angostita, la frente fugitiva y estrecha, el cabello descolorido, arratonado...
     Laucha era, por otra parte, su único nombre posible. Laucha le llamaron cuando niño en la provincia del interior donde nació; Laucha comenzaron a apodarle después, allí donde lo llevó la suerte de su vida, desde temprano aventurera; por Laucha se le conoció en Buenos Aires, llegado apenas, sin que a nadie se pudiese atribuir la invención del sobrenombre, y Laucha le han dicho grandes y pequeños durante un período de treinta y un años, desde que cumplió los cinco, hasta que murió a los treinta y seis...
     De sus mismos labios oí la narración de la aventura culminante de su vida y, en estas páginas, me he esforzado por reproducirla tal como se la escuché. Desgraciadamente, Laucha ya no está aquí para corregirme si incurro en error; pero puedo afirmar que no me aparto de la verdad muchos centímetros.”
                                               ------------------------------------------------
"Trampera", resultó ser otra palabra desconocida. Volviendo a Tom y Jerry, es la típica trampa de resorte y queso.
El diccionario registra “trampero-ra: el que caza con trampas”; pero presenta para Amer.ConoSur, la acepción “trampa”; es el nombre coloquial de las trampas para caza menor. Las web de comercio las ofrecen a la venta con ese nombre. Ahora que lo pienso, no sé si figura en alguna novela costumbrista argentina. Sí, en el título de una milonga sin letra, de Aníbal Troilo (Bandoneonista y compositor.1914/ 1975)
Un gusto haber acercado algo de estos “pagos” a mis amigos de letras.



lunes, 19 de noviembre de 2018

Radioteatro Noctámbulo



Presentador: Buenas  noches, querida audiencia de Radio Popular.  “Chau, Chau”,  el mejor mata polillas, presenta el Radioteatro Noctámbulo.  ¿Marcará este capítulo el final del conflicto entre Anacleto y Antonia?
 (Ajetreo entre las sábanas; esforzados ayes y suspiros; crujidos de madera. Una mala grabación de “Vereda tropical”, envuelve la escena).
Anacleto agacha la cabeza  y se sienta en la cama revuelta. Antonia resopla, furiosa. Se ha vestido a los tirones y trajina en el placar que huele a “Chau-Chau”.
Presentador:  Ya hace tres semanas que estamos expectantes  por el desenlace de esta crucial noche de amor. ¿Por qué es tan difícil todo? Él, peladito y panzón; ella, robusta y teñida de rojo; cincuentones, pero vitales.
Anacleto:  (Con voz pastosa y  sorprendida) Pero, ¿qué haces con ese bolso? ¿A dónde crees que vas a las tres de la mañana?
Antonia: (Entre dientes) A tomar aire y buscarme  un hombre de veras; no un ratón de sótano.
Anacleto:  (Habla riendo, inseguro) Ya, ya, mi reinita. Ténme paciencia.  Es que estoy cansado. ¿No ves lo que he trabajado para conseguirte el visón?
(Rumor de bolsas de nilón. Golpes sobre el piso. ¿Florero? ¿Portaretratos?
Antonia: ¡Visón! ¡Ni lo digas! Tú no trabajas: un par de cartas marcadas y me vienes con un cuero apolillado, lleno de manchas; sabe Dios a qué otro sinvergüenza se lo ganaste.
Anacleto: (Con ira contenida y paciencia forzada) No  soy jugador; sólo a veces, para espantar la pena… Trabajé en el experimento; pero no es fácil mutar oveja en visón; además  se me volcó un poco de cerveza.  
Antonia: Más o menos una pinta completa, ¿no? ¿Y qué tanto experimento y cerveza en vez de estar buscando un trabajo?
(Silencio. )
Presentador: Anacleto se pone las chinelas  y se acerca decidido, sacando pecho.
Anacleto: (Enérgico)¡ Soy un hombre positivo! ¡Trato de buscar soluciones geniales!...  Siempre  estoy para cuidar de ti, para protegerte… y nuestro amor no puede morir. Estamos probando este nuevo experimento. No voy a permitir que te vayas
Antonia:  (Burlona y firme) ¿Ah, no?  ¡No te pido permiso! ¡Y no te me arrimes! ¡Si me tocas otra vez, grito!
(Taconeo de Antonia. Portazo) 
Anacleto:  (Solloza) ¡Antonia, mi reinita! ¡Malvada! ¡Perdida!
Presentador En los otros departamentos rechinan los postigos. Los vecinos espían.
Antonia  baja por la interminable escalera; ya todos saben lo que ha pasado:
Antonia:  (Gritando y riendo a carcajadas) ¡Fracasó el experimento, papi! ¡Todo un circo de piruetas de Kama Sutra! ¡Tres semanas  y no  has podido ni siquiera hacerme suspirar; qué digo: no has podido nada de nada! ¡Ahorita me marcho!
Presentador: No hay mal que dure cien años, amigos oyentes. Tal vez la fuga de Antonia sea un nuevo experimento para revivir este amor mustio. ¡Hasta la semana que viene! Y recuerden: ¡Matapolillas Chau-Chau,  para visones sanitos!


El mentiroso

Texto para Literautas  (Marzo 2017).
¡Sabe Dios que no estaba pensando en eso!¡Cómo iba a imaginármelo!
Más que aplastado estaba para ponerme a buscar un diccionario de latín. Yo, el súper adolescente, iba a reprobar el año por ese idioma que huele a telarañas (y por matemáticas y química, también); y quedaría fuera del círculo que venía conmigo desde el Jardín de Infantes. No es que estuviera tan integrado, pero era algo… ¡Bah! El vago y tonto del curso…
La espantosa tarea de latín no podía postergarse por más tiempo. Después me centraría en hacerme de un amigo y buscarme una novia.
Respiré hondo, abrí las puertas del suntuoso armario y me enfrenté a toda la sabiduría de mis ancestros. En el centro del estante superior lucía el rótulo gótico del Diccionario de Latín, un libraco prolijamente forrado en verde oliva. Lo bajé con mucho esfuerzo y me senté dispuesto a trabajar.
¿Y esto? Tras unas veinte hojas genuinas, amarillentas y saturadas de columnas, y a partir de la veintiuno, saltó a modo de hoja de cortesía una entrada de cine porno adherida a un folio rojo y bordeada por tiras de historietas para adultos. ¡Caramba! Pensé en mi papá estudiando latín a mi edad, y me reí con ganas.
Pasé otro par de hojas viejas y … «¡No, por Dios!» Casi no pude respirar ante la prolija colección de textos e imágenes: por todas partes, variadas escenas de sexo, cuerpos desnudos de hombres y de mujeres, de viejos y niños, de sanos y enfermos; copias de cuadros célebres y hojas de revistas; y cientos de textos eróticos: desde coplas populares hasta largos y osados poemas y discursos sobre las relaciones sexuales.
Estuve un par de horas pasando las hojas; un deleite excitante sazonado con el condimento de la aventura y de la culpa.
Así es la vida: el latín quedará pendiente y yo aprenderé algunos trucos interesantes para relacionarme.
Y ahora que lo pienso, creo que podré conseguir ayudas valiosas gracias al diccionario; no me llevaré latín a marzo del año que viene.
Acá estoy; entro a la Biblioteca del Colegio y registro como mío el libraco; él es desde ahora mi mejor antifaz; la masa de hojas asegura mi nueva imagen: soy el ‘nerd’ de la clase, preocupadísimo por bucear entre Cicerón y Ovidio.
Felipe y su grupo de alegres chicos estudiosos se codean: «Juanchi está más raro que nunca»; están consultado fotocopias y links de Internet; meten algo de bulla y los chista el bedel.
Empieza mi fiesta; abro el diccionario y me zambullo en las delicias del mundo prohibido que esconden las tapas del Diccionario.
En la otra mesa sigue el cuchicheo: «Está concentradísimo». «Andá y decile que existe Internet». «Yo voy y me río un poco»
El silencio polvoriento sólo alienta el susurro de los folios o el crujido de una silla; de pronto, como si fuera el zumbido de una mosca verde me llega el cuchicheo: «Preguntale al Juanchi, que tiene el diccionario de latín.»
«¡Picaron» pienso; y a mi espalda escucho a Felipe:
—Che, Juanchi, fijate si “folia” se… Uuuh…¡Uuuuh! Y aletea y zapatea llamando al resto del equipo; yo, impávido sigo pasando otro par de hojas tentadoras.
Felipe, está excitadísimo, con los ojos desorbitados. El celador lo toma del brazo y para en seco a los que esperaban la respuesta y se atropellan hacia mi mesa: «¡Afuera, por indisciplinados!
Mientras tanto, yo he vuelto a las hojas lícitas.
—Siga con lo suyo,jovencito. Muy bien— me halaga el bedel.—Lamento que lo hayan interrumpido
—Felizmente pude terminar mi tarea. Muchas gracias.
Le muestro el lomo del libro para certificar que es el mío, y con muchísimo respeto lo meto en mi mochila.
En la vereda está toda la compañía; una avalancha de exclamaciones, preguntas, ruegos.
—¡Se los presto cuando pase el examen, si me dejan copiar sus tareas de latín para el proyecto final!
Ojalá no me molesten demasiado con el teléfono. Necesito estar concentrado.