Archivo del blog

martes, 14 de agosto de 2018

De gatos y gentes


I
 Acababan de casarse y de estrenar la casa. Cuando yo llegué, no había tapia; era un cachorrito sucio y hambriento. Ella me trajo a la cocina entre arrumacos; soltó su mano para prepararme leche tibia y armar una “cuchita”.
—No me gustan los gatos. No lo quiero aquí. No lo metas a la casa.
—¡Vamos, amor! Lo dejo en la cocina y en el patio.
Me fui colando entre ellos, despacito,  cuando miraban televisión, o en los paseos por el jardín; y en la cama cuando él no andaba cerca. Entonces yo dejaba ronroneos en la almohada: mensajes para mi dueña… Pelos también, por supuesto… Nunca alcanzaba a verme ahí, pero los pelos lo desaforaban; los pelos y la risa con que ella quería calmarlo. ¿Fui el primero en advertir los cambios? ¿Yo era un viejo abuelo sabio que la cuidaba y le advertía mis presentimientos? ¿O un jefe de manada que cuidaba mi cachorro?
En esos años éramos felices. El ambiente alegre y sereno de la casa me sentaba bien. Él nunca me toleraba cerca, ella me amaba: cuestión de estar en el lugar adecuado.
Como siempre en tantos otoños,  me confundo entre las últimas hojas coloradas de los tilos.  Voy avanzando hasta la copa más próxima a su ventana. Por supuesto, está entreabierta; es maniática de la vida sana y de la ventilación. Atisbo, pero  ella no está en su cuarto. Espero. En realidad,  no tengo apuro por entrar; me recuesto en la rama; mi cola  enroscada toca el hocico;  con los ojos cerrados disfruto del vientito; me anticipo al bienestar de la mullida cama de la señora.
Parpadeo cuando ella cierra el auto de un portazo y arranca velozmente. A él se lo ve por la ventana del galponcito, donde trajina, como siempre. Bajo al patio.
II
 Acaba de sacar el auto y se aleja furiosa, sin despedirse. Yo cavilo y trenzo recuerdos, mientras trato de ordenar el caos del cuarto de herramientas.
«En este rincón, la pala;  en este, las tijeras de podar…» «¡Una llave!» «…los tiempos felices en que, ¡zas!, nos llenábamos el uno del otro en cualquier rincón… ; entonces teníamos duplicados de las llaves;  ja…nunca se usaban… se nos perdían y no nos hacían falta.
Un pedazo del cerco oxidado…  «¿Y si cambiamos este cerco, querido?» «¡Qué bella la tapia con jazmines! Ya no nos miran los vecinos; sólo la luna, amor... Quiero esperarte boca arriba en el césped hasta que llegues»,  susurraba encendida. 
Fuera. ¡Cuánta basura!»
Unos guantes de lona, resecos  «acariciarnos»…  ¡Al  basurero…!
«Y de pronto, cualquier noche…Déjame; no estoy de humor; me voy a mi cuarto; no entres.  Sus tacos resonaron en los escalones… Un portazo… Clic, clic, SU llave».
     ¿Cuánto hace que estoy amontonando chatarra?
III
                «Ya estoy más tranquila… no quiero volver enseguida… Cada vez más silencio, más recelo… Puede que esté cansado o deprimido, pero no le voy a tolerar violencia… ¿Cuándo se volvió tan hosco, tan primitivo y anodino? ¡Destrozar mis cosméticos! Y ese tema con el gato... ¡Los mensajes del gato, por Dios! ¡Todavía fueran celos del vecino!…»   
Sacude la cabeza,  solloza y se desconcentra ante la próxima curva. Silencio.                                                      
IV
 Manejo con más aplomo;  Boccelli en sottovoce se enreda en mis pensamientos. «Hasta el gato, es más interesante, más suave y hermoso; a veces lo sueño, y parece que me comprende; al menos  se calla cuando leo o quiero escuchar música; al menos pasea y disfruta de mi cama. Bah. No tiene caso…»
       Listo. Pasaré por el Banco. Después compraré algo distinguido, fino; no sé si “casual” o “formal”. Y algún otro buen perfume; nunca están de más.
        ¡Oh; viene Andrea Bocelli a la capital! No me lo pierdo. Ya mismo compro la entrada; su alteza estará, seguramente, muy fatigado, ocupado o endeudado y no querrá acompañarme; “total lo veo por You-Tube”.  Mmm. Compraré las dos.  
V
                 En algún momento, el gato se ha metido aquí. Se sentó sobre la pila de latas vacías, y me mira; como siempre, una mezcla de Buda dorado, inspirador y borracho sentado en la vereda.
¿Por qué esa mirada imperturbable? Me desconcierta. Parece que emitiera mensajes crípticos. «¿Qué pasa? ¿Hasta cuándo? ¿Es él quién te ha cambiado? ¿Este gato es tu demonio?»  Mensajes como los que a veces vibran mientras duermo; y  que terminan en alguno de nuestros peores días. ¡Siempre el gato, como una grabadora silenciosa de nuestras vidas!  
—¡Fuera!¡Fuera, bicho maldito!
La llave me roza el pecho desde el bolsillo de la camisa. Por momentos me siento eufórico por haberla encontrado.  Pero la mano enérgica de la razón «o tu profundo rencor, o tu dolorosa incertidumbre» me devuelve al pozo de trajín y fastidio. Mi  alma intercambia impulsos, emociones y recuerdos  como si fuera un camaleón.
Y entonces la llave vibra.
«¡Vamos!», me incita.
«No te acobardes. Vuelve a mirarte al espejo, por detrás de su imagen, mientras le deshaces  el peinado…»
«Exige lo que es tuyo. Vuelve a saciarte de su suave perfume; vuelve a sentir tu cuerpo  ansioso,  ardiente… Y sus brazos y su boca que  responden a los tuyos».
—Ah… Estos bidones viejos… Puro estorbo…  ¿Por qué? ¿Por qué? Merecería que rompiera sus perfumes y prendiera el dormitorio con lo que queda del  kerosén…
         Y salgo, ciego, furioso. Detrás de mí se derrumba una  pila de latas vacías. Desde allí salta el gato, y trepa a uno de los tilos.
«Abrir la puerta»… «Abrir la Caja de Pandora». «Conocer a los demonios  que la alejan»…
VI
Desenrollo  la cola entre las hojas rojizas, broncíneas como mi pelo,  y avanzo  hacia la ventana.
«Ah… Restregarme contra las maderas perfumadas…Arañar las sedas … Hundirme en su almohadón … Leer sus sueños y llenarlos de misterios y fantasías» «Aquí, aunque ella no esté, se la siente, tan viva, tan cálida… »
Apenas  una ráfaga sutil, y mis patas, hojas sueltas del tilo, aterrizan sobre los cosméticos. No me importa. Hay mucho más que unos gritos y un zapatazo en el lomo.
VII
 Trepo la escalara, jadeante, llave en mano. «Quiero esperarte en nuestro cuarto. Besar, acariciar, golpear, sofocar,  poseer, desgarrar»
         Detrás de la puerta estallan cristales en el piso.  «¿Has vuelto, amor?». El fino perfume envuelve el pasillo desde el cuarto cerrado.
        La llavecita gira. La puerta se abre chillando. Oigo que frena el auto. «¡Tu cabello dorado sobre la almohada…! ¡Has vuelto…!» «¡Este gato odioso; otra vez en la cama!» «¡Y ha roto el perfume!»
¡Aah! ¡El pecho…! ¡Me ahogo!...
He caído junto a la cama; percibo el rayo dorado que salta hacia el tilo. La voz del gato (¿dónde está?) me llega otra vez a la cabeza: «No huele a perfume… Huele a incendio y destrucción. ¿Reconoces los demonios?  Sabes que estás loco, ¿no? Ya hace dos años que chocó en la ruta; manejaba furiosa porque la habías golpeado y roto sus perfumes. Dos años desde que nos quemamos aquí, en esta casa,  donde nos encontramos en cada otoño»                                                                                        
VIII
 Los jazmines sobre la tapia derruida… la primavera les cargará pronto, un manto de flores; los brazos viejos, retorcidos, se esmeran en cubrir los ladrillos ennegrecidos; en ahogar el olor de aquel incendio.
Freno el auto delante del tilo. Nuestro gato gris, baja perezoso desde la pared con jazmines. Se restriega mimoso en los jeans de mi marido, que me espera sonriente  junto a la cochera.
 






sábado, 28 de julio de 2018

POEMA DE INVIERNO GRIS



Me gustaría encontrar la vereda de un poema
y caminar despacito en esta siesta de invierno.
Alejarme de la estufa, de la añoranza traidora
Que me ciñe y me entristece.
De la soledad llorosa, y del silencio oprimente.
Casi me voy deslizando bajo las ramas desnudas
mientras me espían los pájaros,
o algún gato vagabundo,
o la vecina que mueve
sigilosa los visillos
para aprovechar la siesta…
Y siento que se despiertan
tantas chispas de recuerdos
de palabras, de canciones,
de caricias y de besos...
Me envuelven el corazón
como ruanas calentitas, de las sierras;
como si fueran tus manos
alrededor de mis hombros,
como si fuera tu aliento.
Se me enciende la mirada
y una sonrisa me crece
a pesar del cielo gris, de la tenaz aguanieve…
de tu ausencia.
(Me parece que llovizna. ¿Algún lagrimón, quizás?)
Ya pasó… Ya estoy volviendo
por la vereda amorosa
del poema, del recuerdo...

miércoles, 25 de julio de 2018

He sido nominada para-el-Blogger-Recognition Award 2018


https://isladelosvientos.wordpress.com. me ha nominado para el Blogger Recognition Award 2018. Asimismo, ella también ha sido nominada, por lo que la felicito sinceramente. Y le agradezco de corazón este gesto de reconocimiento. Un abrazo.

Acerca del blog: ahorayodigo.blogspot.com.ar
Este blog surge de la necesidad de experimentar con la tecnología para ordenar mis escritos. El inconsciente me dictó el nombre, “ahorayodigo”: soy “de la tercera edad” y hay  que buscarle la vuelta para hacerse oir y hacerse ver. Hasta 2015 lanzaba mis papelitos en facebook o los mandaba por e-mail a mis amigos y familia. Hoy, pasan por el blog. ¿Garantía de supervivencia, también?

¿Qué publico en “ahorayodigo”? Cuentos y poemas que “me brotan” por ahí. Casi siempre son participaciones en retos y concursos de plataformas de escritura; a veces,  de puro inspirada nomás. Al principio creé secciones de gramática y reflexiones de actualidad; pero confieso que casi no las he atendido; dice la voz de mi conciencia: «Cobardona; perezosa»

Consejos
¡Qué puedo aconsejar! No tengo autoridad moral para dar consejos. Si alguien cree que le aprovecharía mi autoevaluación, para crecer como escritor, ahí la dejo: 
    Soy bastante perezosa e inconstante; escribo cuando me siento motivada.  
   Escribo sin pensar en los que van a leerme; si algo no me sale a mi gusto, no lo publico. 
   Considero que cualquier lector merece encontrarse con un texto rico, original, pulcro; 
   No me juego con una publicación de editorial; prefiero vivir tranquila.  
   A la hora de leer, sólo sigo adelante con los textos claros, originales y gramaticalmente correctos.
Nominaciones
 Pido disculpas a Mirna Gennaro y a quien correspondiere, pero me permito pasar de esta instancia, que evidentemente está reforzando los vínculos tejidos en "El Tintero de Oro" Todos estamos nominados o nominando. No quiero ser reiterativa, ni dejar a valiosos compañeros fuera de la lista de "quince". Dios nos cría y el viento nos amontona; siempre aparecen conocidos en estos queridos eventos virtuales y me encanta leerlos y comentarlos. 
Un abrazo a todos.



domingo, 22 de julio de 2018

Cumpleaños

Medianoche. Un rayo de luna llena iluminó la casa entre los algodonales yertos. 
Dentro, una nube vaporosa sobrevoló la escalera carcomida; de entre las volutas transparentes emergieron los rizos retintos y la cara llena de hoyuelos de la esclavita negra. Cuando ella traspasó las telas de araña y la puerta cerrada, se encendió una candela sobre el sarcófago del amo, cuyo cuerpo polvoriento se recompuso en esqueleto espantado.
-¡Vete, vuelve a tu yacija! ¿Qué haces molestándome?
-Ya lo ves; vengo a visitarte; y será siglo a siglo; vuelvo a cumplir nueve años esta noche; vamos, sopla conmigo; apágame otra vez en plena infancia; y regálame la vista de tu merecido infierno.
Una carcajada histérica y un bronco aullido estremecieron la llanura; la candela incendió los huesos bailoteando sobre el cuerpo que se retorcía en la tortura y extendió las llamas a todo el recinto. Y la casa se fue disolviendo entre cenizas.
-Ha vuelto a arder, anoche- comentaron los vecinos. Y se santiguaron.
El primer rayo de sol no encontró nada nuevo; sólo el erial vacío.

domingo, 15 de julio de 2018

SITUACIONES



1     Avisos de wasap. Cuatro, en total, en dos segundos: tres invitaciones a brindar por el día del amigo. Placenteras. Accionó los emojis de alegría y buena onda.
Ya estaba por borrar el cuarto; demasiados festejos para un solo día.
¿ Un teléfono desconocido?… Lo abrió. ¡Ah, caramba! ¡El cuarto estaba vacío!
Hola, mamá. ¿Cambiaste el número?
¡Ay, sí, querido! ¿Ves cómo estamos controlados por estas tecnologías? ¡No te hizo falta foto, ni clave, para reconocerme!… Hay que andar alerta para cuidar la privacidad…
Sí, mamá. Buena estrategia la de mandar un audio vacío para no exponerte. Je, je.
¡Ay, no! ¡Estos dedos míos! Te invitaba a venir al geriátrico a festejar el Día del Amigo. Te espero y te extraño.
2      Atisbó por la cerradura. Respiró tranquilo. El cuarto estaba vacío; lleno de sol, de muebles, pero vacío. Todo a punto  para hacerse con la fortuna del magnate. Abrió, dio dos pasos en la habitación  y cayó al suelo, entre convulsiones dolorosísimas; una alarma se activó de inmediato, para sumarse a la tortura, mientras que una miríada de lásers venenosos atravesaba su cuerpo.
3      Los vecinos de la “villa” apagaron el incendio; pero ya era tarde. El pobre viejo yacía muerto entre los escombros humeantes de su casilla. Apretaba los cuatro bolsos mugrientos que siempre manipulaba obsesivo, y de los que nunca hablaba;  en realidad, a nadie le importaba demasiado.  
Ahora sí; la tensión del momento avivó la curiosidad. ¡Sorpresa para todos! Aunque el cuarto estaba vacío, los otros tres contenían muchísimos billetes achicharrados y joyas finísimas.


jueves, 28 de junio de 2018

CHOQUE


El 6 de enero de 1812,  Fiesta de Reyes,  el barco amarró en Buenos Aires.  Los guardias bajaron  a los cautivos negros, sucios, encadenados y hambrientos. Entre ellos venía Josiri- Buré ("libre y valiente" significa el nombre), al que habían capturado en África durante sus pruebas de iniciación;  Olorún lo había llamado en la bodega hedionda del barco; le habló desde las olas que rebotaban en la madera; resucitó en ese tambor su alma de elegido.
Alguien compró a Josiri y se lo llevó a su casa. Allí vivían ya otros esclavos que pertenecían, de hecho, a la familia. El amo lo bautizó junto al aljibe del patio, para ahorrarse el tiempo y la limosna  para la Iglesia. Lo llamaron Baltazar,  por la fecha de su llegada y bautizo.
Pasó un año.  Baltazar- Josirí se afirmó como un hombre de espíritu libre, disociándose del esclavo eficiente. Los suyos lo fueron reconociendo como el elegido de Olorún,  por su maestría innata con el tambor y su don de gentes. Y por algo como un halo invisible: aquella chispa ladina y fosforescente en sus ojos negrísimos.
Pasó un año. Otra vez fue Día de Reyes.  Como siempre, la procesión del Candombe salió a las calles de Buenos Aires.  Repicaron las campanas; los tambores comenzaron a sonar.
Varias crónicas recogen la copla dominante:
“ Celebran el seis de enero/ el día de San Balthazar/,
el Santo más candombero/que se pueda imaginar”.
Aunque se alertaba desde los púlpitos sobre el origen pagano del festejo, los blancos asistían al espectáculo desde veredas y balcones.  No faltaban los frailes que dirigían el Rosario y las beatas que pasaban el cepillo de la limosna.  Pero había acuerdo tácito de dejar a los santos oficiales y a Cristo en las iglesias, durante un par de horas.
Desde el cielo gris, la tormenta urgía a la concurrencia. Cientos de africanos y criollos, puros o mulatos, viboreaban al son de panderetas, collares de vainas secas, o cualquier trasto resonante; y entre las coplas en castellano, se filtraban  las plegarias bantú, las preces de hechizos y bendiciones y los requiebros sensuales,  y aun obscenos. Los tambores  guiaban a cada Cofradía.  Con estandartes rústicos  y colorinches se identificaban las distintas barriadas  y sus santos cristianos protectores. Dioses  amasijados en el sincretismo que aseguraba la supervivencia…  
 El negro Baltazar inauguraba el desfile. Lucía joven, vibrante y fuerte con su ropa de esclavo: camisa y pantalón blanco, pies descalzos, corona de hojas frescas..
Dimanaba una sabiduría superior, que rebajaba el orgullo de los amos; aquella que ahora habría suspendido la tormenta por su decisión.
Aquellos ojos especiales  permanecían fijos en el horizonte del puerto;  tal vez en la evocación de su tierra y de su viaje de esclavo. 
De pronto, giraron apenas hacia la izquierda.

De una de las iglesias salió una procesión: un acólito con incensario y otro con un Crucifijo de largo pie,  precedían a cuatro sacerdotes viejísimos; ellos sostenían, sobre los hombros temblorosos, un altar portátil de la Dolorosa, con sus manitas orantes y su corazón ensangrentado. Detrás de los ancianos, un grupo de niños vestidos de angelitos cantaba “Perdón, Señor”, “Líbranos del Maligno”.

 El redoble magistral del tambor cambió a un ostinato bronco, amenazante;  se alteró la marcha de la serpiente multicolor; el paso vibrante se volvió aleteo sigiloso.
Alto…
Baltazar sacudió las baquetas en el aire. Silencio tembloroso... Entonces hubo un estallido atronador, y  cayó un rayo.
 Los angelitos y los curas corrieron espantados al templo, y la buena María alcanzó a ser atrapada entre el aire y los adoquines por dos creyentes próximos: uno blanco y uno negro. En medio de alaridos de terror  el público se arrodillaba y se persignaba.
La nube negrísima se apretó durante unos minutos como un puño gigantesco y amenazante.  Y sin una gota de lluvia, ni una brisa, se izó de nuevo en el aire sobre la muchedumbre.
El candombe reinició la marcha. Baltazar lucía impasible; ni una sonrisa, ni una corchea a destiempo. Detrás, las carcajadas desvergonzadas volvieron a invadir la calle.