Blog para recopilar y compartir mis escritos, fragmentos de lecturas que me han impactado y algunas informaciones útiles para escritores
domingo, 11 de diciembre de 2016
Entraste en mi vida para siempre
Argentina. 1836.
Margarita tenía veintiún años cuando llegó a Santa Fé, con la abuela Tiburcia, para visitar al prisionero. Tiempos de guerra civil.
Personaje prominente, José María Paz había sido derrotado y llevado lejos de su Córdoba natal. Tenía cuarenta y cuatro años. Había perdido un brazo en una batalla.
Conmovida por la suciedad y el envejecimiento de ese hombre que admiraba desde pequeñita, y por los recuerdos de la infancia que él había hecho feliz, Margarita se arrojó en sus brazos, consciente de su total y apasionada incorrección, loca de amor.
Habían pasado ocho días de idas y vueltas, de acompañarlo, limpiarlo, conversar con él cuando se lo dijo:
—Yo me quedo contigo, José María. Hasta que la muerte nos separe.
—Hija, Margarita, estás loca. Vuélvete a Córdoba. Reza siempre por mí, que también te amo. Pero acepta la voluntad de Dios y no arruines tu vida.
No lo escuchó. Salió sollozando y corrió hacia la iglesia próxima. Media hora más tarde volvía con un fraile.
—Mi tío ha pedido confesión— le explicó al soldado de guardia.
El cura entró a la celda y mientras Margarita aparentaba revisar la mano áspera del vencido, él rezó la fórmula matrimonial y los casó. Allí mismo redactó el parte de la boda. Sentada en el catre, Doña Tiburcia, única testigo, lo firmó.
Esa misma tarde, regresó sola, llorando.
Revuelo familiar en Córdoba. ¡Cuánta tristeza por el hombre enérgico e inteligente!¡Cuánta pena por esta joven hermosa y promisoria, eternamente enamorada de su glorioso tío y dispuesta a seguirlo en la caída!
Desde esa noche, Margarita Weild y José María Paz, vivieron en el calabozo durante ocho años. Allí tuvieron tres hijos, y perdieron una.
Paz se fugó, primero, y luego fue oficialmente perdonado y galardonado. Y otra, y mil veces, traicionado y reivindicado en una vida inestable y dura. Ella siguió a su lado en Argentina, Uruguay y Brasil, en un periplo de nueve hijos, luces y sombras.
Murieron en Río de Janeiro, como horticultores; pobres pero enamorados. Ella se fue antes.
Hoy descansan juntos, en el atrio de la Catedral de Córdoba
sábado, 10 de diciembre de 2016
Gitanos
Todos los veranos llegaban los
carromatos; los gitanos armaban su campamento a la salida del pueblo, cerca del
arroyo. Dos grandes carpas
desteñidas.
Estaba prohibido acercarse; un muro de
prejuicios cortaba el paso: «Brujos» «Ladrones»
«Mentirosos y sucios» «Cuchilleros».
Desde la calle
se veía un montón de chicos medio desnudos que acarreaban baldes de agua; madres, con pañuelo a la cabeza, barre que te
barre; se oía la charla llena de gritos; viejas medio tullidas, llenas de
recuerdos y siempre mandonas; ruidos de hierros y martillos; olor a
traspiración y fritangas de pescado…
A la tarde, caía el muro: envueltas
en una nube de agua de colonia, las más bellas jovencitas que se pudiera soñar
iban desde el campamento a la plaza, acompañadas de algunas matronas jóvenes, a
ofrecer “la buenaventura”, coplas de algún poeta paisano y algunas danzas. La magia de los presagios y conjuros, y los
escotes descarados de las blusas,
derribaban las trabas sociales, y la clientela bullía.
Allí, Pedro conoció a Antonia; lo fascinó con sus remolinos; se le quedó prendida en los ojos. Desde
los tacones nacía el vaivén que subía hacia las caderas y los pechos
quinceañeros, y acariciaba sus pollerones coloridos. La acompañaba una gitanita flaca y desaliñada, ideal para
resaltar el brillo de la princesa.
Escuchó los «¡Ole, por la Antonia!...» Y por ahí: « Antonia, ¿cuándo es el
viaje?» «Mañana, después de la
fiesta».
Así supo el nombre, y también que no había mucho tiempo… ¿para qué?...
De
regreso, cuando acababan de pasar por su vereda, escuchó las carcajadas de dos
muchachotes:
—
Eh, gitanas!
Dígannos la buenaventura.
—
¡Vamos,
lindas! ¿Quieren vernos las manos?
—
¿Seguro
que las manos, nada más?
Avanzaban; Antonia se detuvo; la chiquita salió corriendo hacia el
campamento. La joven irguió la cabeza, y de
repente comenzó un siseante canturreo: “Permita Dios…” mientras iba girando y crecía su voz; “que
Jesucristo te mande una sarna perruna por mucho tiempo”; los enfrentó, con sus larguísimas uñas y con un
grito aullante: “que los diablos te lleven en cuerpo y alma al infierno”… Y
finalmente, escupió terribles carcajadas sobre los muchachos, congelados de
espanto…
—
¡Antonia, ya vamos!
Corriendo en medio de la calle, la
gitanita volvía con un gitano flaco, vestido de mameluco, sudoroso y engrasado.
Los bocones se replegaron como inocentes conejos; un gitano enojado es
demasiado temible.
La tomó de la mano y Antonia se fue. Y Pedro
la sintió ahora, prendida en el alma. «¡Valiente!¡Poderosa!¡Hermosa!»
Esa noche lo mantuvo despierto el
jaleo del campamento. Canciones,
aplausos, gritos; llamadas a los niños, voces de castañuelas y guitarras;
fuerte olor a comidas guisadas, a condimentos extraños. Todo entraba por su
ventana, todo era fiesta.
Imaginaba a Antonia en la rueda;
bailaría al son de las coplas, envuelta en el serpenteo de sus brazos llenos de
pulseras; y su enagua bordeada de puntillas estaría llamando al compañero, por
debajo de la falda voladora ¿verde?... ¿roja?...
Y en vez de maldiciones se estarían
musitando hechizos de amor: “Una rosa y un clavel, tan diferentes, somos los
dos… Dame tu corazón, quema mi alma, quema mi cuerpo.. Dame tus pensamientos bajo la luna brillante y el
sol ardiente…”; él la escuchaba en su alma… ¿o el gitano?...
¿Se llamaría Pedro, el gitano?...
“Ese” Pedro, ahora vestido de chupín
negro y chaleco bordó, con el jopo engominado, avanzaba taconeando y
palmoteando hacia su princesa. Pedro podía adivinarlo en su propio cuerpo tenso y bullente; ansioso
de la cintura y del corpiño dorado de Antonia; de la boca risueña y de sus ojos
pícaros e insinuantes. Sentía arder sus propios ojos, por el brillo de los del
otro; sentía como suyo el aliento de su boca húmeda…
Desde las sillas, los viejos
animaban el encuentro con palmadas, y frases descaradas y sensuales.
Y él veía y oía y sentía todo
desde muy cerca, cada vez más cerca, como si no estuviera en su cama; como si no
tuviera once años; como si se hubiera
animado a pasar el cerco, y hubiera conquistado a Antonia antes de que se fuera
en los carromatos, al día siguiente.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
CUERDA
FLOJA
Todo el
mundo es un cielo
pintarrajeado
en nubes de tormenta;
sólo
cielo...
Cielo y
vos, loco lindo,
poeta
soñador,
con tu
sombrero inútil
bajo un
cielo sin sol...
y con tu
libro.
¿Qué
buscas en las nubes que no miras?
¿Te
dictan el secreto de las letras?
¿O las
letras mantienen tu equilibrio
mientras
te impregnas de aires de llovizna?
Mañana,
cuando escribas ese libro
con el
que vas soñando,
tus
versos olerán a cielo,
a brisas
que despeinan
las copas
de los sauces que no viste
porque
estabas tan alto y tan liviano
caminando
tu sueño peregrino.
Y sonará
feliz tu carcajada
porque
sabes
lo que es
ser hoja, o pájaro,
volando
por los cables
con el
alma en un libro.
sábado, 19 de noviembre de 2016
Blueberry Notes: Personajes malvados, ¿cómo se construyen?
Blueberry Notes: Personajes malvados, ¿cómo se construyen?:
¡¡Hola a tod@s!! Hoy vamos a hablar de un ingrediente imprescindible en un buen relato, novela o cuento. Un malo.
¡¡Nos leemos!!..
¡¡Hola a tod@s!! Hoy vamos a hablar de un ingrediente imprescindible en un buen relato, novela o cuento. Un malo.
Pero no un malo malísimo, en contraposición a un bueno buenísimo. Ambos personajes, como en la vida real, deben tener múltiples dimensiones.
Una persona malvada que hace algo malo tiene que tener una razón para hacerlo. Esa razón no puede ser simplemente su maldad.
Es posible que nuestro malo sepa que eso que está haciendo está mal, pero tenga un motivo para ello.
El motivo puede no ser objetivo, puede que sólo tenga sentido para él, pero aún así sigue siendo una justificación para sus acciones reprobables. Para ello debemos dar a nuestro malo una historia, una trayectoria vital y unas experiencias que revelen esa justificación, esos motivos.
Además, para ilustrar a un malo multidimensional, podemos darle un aspecto positivo, algo que despierte en el lector un sentimiento de empatía, que no simpatía. Algo que, aunque no nos guste, aunque sea moralmente cuestionable, nos haga pensar en él como en una persona. Por ejemplo, Hannibal Lekter el caníbal, es un hombre inteligente y cultivado, muy educado. Su historia nos explica los motivos de sus acciones.
Del mismo modo, podemos dar al malo un exterior acorde con su personalidad. Pongamos como ejemplo al Joker de Batman, cuyo aspecto nos revela lo caótico de su personalidad.
El caso es que tanto su historia, como su aspecto físico nos genera empatía, cierta comprensión.
Tengamos en cuenta que, como todo en la vida, no hay personas con personalidades polarizadas, no todo es blanco o negro, hay una amplia gama de grises.
Por otra parte, a veces un malo tiene seguidores. A los seguidores también debemos darles una razón para seguir al malo. Podría ser por miedo, por ideales que comparten, por admiración… podrían compartir sus metas y, aunque no les gusten sus métodos, los seguirían para obtener sus propósitos.
La motivación de los personajes, en definitiva, es algo imprescindible para dotarlos de veracidad y credibilidad. Las motivaciones de alguien están ligadas a su personalidad y es interesante documentarse al respecto, incluso pidiendo consejo a profesionales. De hecho, como dato diré que desde 2008, el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, ayuda a la elaboración de guiones y a los actores en la preparación de personajes a través de un grupo de trabajo.
En conclusión, los malos son personas y deben construirse como tal, con luces y sombras.
- Sus acciones no deben ser “porque sí” igual que nuestras acciones en la vida real.
- Su objetivo no debe ser el mal por el mal, sino por algo importante para ellos que tenga sentido
- Por eso es importante que tengan una historia propia y, además,
- debemos darles un rasgo positivo que les proporcione esa profundidad, algo que les haga reales.
Cuidad a vuestros personajes, son lo más importante de una historia.
Espero que os ayuden estos consejos y, por supuesto, estaré encantada de ayudar con cualquier duda o petición que tengáis al respecto.
lunes, 14 de noviembre de 2016
Hora final
Para Cadena Ser, Primera semana de noviembre 2016
Sigo observando mi trocito de cielo. ¡Se me han muerto
tantas ilusiones! ¡Se me ha gastado tanta ternura y aliento! Pero nunca se ha
borrado mi trozo de cielo. Ya estoy llegando a destino y lo descubro como
siempre: es la mano amiga que me conduce en las vueltas de la vida. Yo percibo que no está hecho de vacío, sino
de personas y de momentos; así como mi
cielo, se ven azules loa cerros lejanos; parecen vacíos ; pero ya cerca, se descubre la vida en sus laderas.
Me queda poco, pero lo he vivido intensamente.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
LA QUINTA ESQUINA
Así se llamaba la zona de calles
en diagonal; y así se llamaba el bodegón. Todas las noches los tahúres se
sentaban alrededor de una mesa pentagonal; los lugares estaban numerados, del
uno al cinco El anotador se sentaba
siempre en la quinta esquina, cerca de
la barra, para atender al mismo tiempo algún pedido de refuerzo. El tintineo de
los dados jugaba sobre el humo con la música del gramófono. En el número uno, Julieta, la preciosa
bailarina treintañera, acompañaba la ronda, sentada sobre las rodillas del
tonto de turno, para que se desconcentrara y pudieran “pelarlo”.
La noche del crimen, las luces amarillentas del bodegón pintaban
el tronco de un paraíso y la primera hilera de baldosas de la vereda; más
allá todo estaba en tinieblas. Pero la
música estridente alcanzaba a los vecinos que trataban de dormir.
Pablo Flores se sumergió en el bullicio incongruente de “La
Quinta Esquina”. ¿Por qué incongruente? Porque no había nadie en el salón.
Nadie vivo, digamos. En el piso,
estaba Julieta… Degollada.
Sobre la mesa pentagonal, en un
charco de bebidas, flotaba un revoltijo
de dados y ceniceros llenos. Los vasos y botellas en añicos eran la alfombra de
la bailarina.
No se espantó por los ojos
desorbitados y la boca abierta en el grito final; ya estaba curtido en estas
lides. No se detuvo a verificar si realmente estaba muerta; su ojo profesional
de policía inteligente lo había detectado al instante; también sabía que la
escena del crimen no se toca en ausencia del cuerpo judicial; y además, su
tremenda barriga no le permitía acuclillarse.
«Habría
que llamar a la policía» pensó.
Pero estaba muy cansado y no tenía apuro: se sentó y se puso a mirar el cadáver
de la chica. Varias veces habían estado juntos, por las tardes, en cualquier hotelucho
próximo. Lástima que su figura descuidada y decadente y su bolsillo raquítico
de jubilado, no colmaron las expectativas de Julieta; no es fácil conseguir
clientes para un bar en una ciudad
pequeña. Ahora que tenía algunas nuevas ofertas
favorables, Pablo había venido a
buscarla; pero ya era tarde.
«Triste» pensó. Y se rascó la
calva.
Pero, después de todo- pensó- si el bolsillo tampoco
alcanzaba, ella volvería a irse, porque él no rejuvenecería; su cabello no iba
a crecer ni bajaría de peso.
Algo le molestaba en la calva, o
a causa de la calva, y no podía entenderlo… Parecía como una luz creciente que afloraba en su cabeza agotada. Apoyó el codo en la quinta esquina, en donde
había estado anotando… ¿unas horas antes? …¿un rato antes?
Florecían los recuerdos: se
había ido, borracho y furioso porque el de la primera esquina toqueteaba demasiado a Julieta, y seguía
ganando. Furioso porque ella lo
disfrutaba sin cuidar del negocio. Cada vez más furioso, hasta que rompió el
vaso en que estaba bebiendo. Tan rabioso, que no escuchó los gritos y las
carreras de los que escapaban llevándose la mesa por delante cuando él se paró
y la tironeó hacia el vaso que acababa
de trizar y con el que le rebanó su precioso y despavorido cuello.
Volvió a mirar el cadáver y a
tocarse la cabeza: la mano de Julieta se
crispaba sobre su ausente peluquín.
Una sirena aullante acompañó la
frenada del auto policial. Los jugadores
que habían huído entraron gritando, junto a dos agentes. Entonces, Pablo hundió
violentamente un trozo de vidrio en su propio
cuello.
EL ECLIPSE (A partir del cuento homónimo de Antonio Monterroso)
Este cuerpo mutilado a merced de los carroñeros, es mi
cuerpo; pero mi corazón que todavía gotea sangre está en su templo, en manos
del Rey y de sus sacerdotes..
“Bartolomé, es llegada tu hora.”
No hace ni una
hora que la selva cerró su cerco asfixiante y me entregó a los mayas.
Te invoqué, Dios mío, con la
ciencia que me hiciste conocer; pero el Demonio les dictó a estos ignorantes,
los profundos secretos de los cielos, y tu proyecto de luces y sombras a través de los siglos.
¡Ah, Dios mío! Yo sé que ahora
viene mi gloria, que es la tuya. Sin duda, mi corazón irradiará tu luz sobre
estas gentes, y un fuego purificador aniquilarà al Demonio.
Aquí, Señor, se cierra el ciclo
de tu mandato; mi rey, Carlos V sabrá que no he defraudado su confianza.
¡Gloria! ¡Hossana! ¡Arrodillaos, infieles1
Pero, ¿qué es esto?.Mi corazón
lleno de escupitajos va rebotando entre los pies del pueblo y cae en un
profundo pozo plagado de bestias rabiosas.
Dios Mío… Confié en que
compartiría tu Pasión y tu Resurrección. ¿Por qué me estás abandonando? ¿Por
qué me eclipsas?
EL ECLIPSE (A partir del cuento homónimo de Antonio Monterroso)
Este cuerpo mutilado a merced de los carroñeros, es mi
cuerpo; pero mi corazón que todavía gotea sangre está en su templo, en manos
del Rey y de sus sacerdotes..
“Bartolomé, es llegada tu hora.”
No hace ni una
hora que la selva cerró su cerco asfixiante y me entregó a los mayas.
Te invoqué, Dios mío, con la
ciencia que me hiciste conocer; pero el Demonio les dictó a estos ignorantes,
los profundos secretos de los cielos, y tu proyecto de luces y sombras a través de los siglos.
¡Ah, Dios mío! Yo sé que ahora
viene mi gloria, que es la tuya. Sin duda, mi corazón irradiará tu luz sobre
estas gentes, y un fuego purificador aniquilarà al Demonio.
Aquí, Señor, se cierra el ciclo
de tu mandato; mi rey, Carlos V sabrá que no he defraudado su confianza.
¡Gloria! ¡Hossana! ¡Arrodillaos, infieles1
Pero, ¿qué es esto?.Mi corazón
lleno de escupitajos va rebotando entre los pies del pueblo y cae en un
profundo pozo plagado de bestias rabiosas.
Dios Mío… Confié en que
compartiría tu Pasión y tu Resurrección. ¿Por qué me estás abandonando? ¿Por
qué me eclipsas?
El perdón
El Perdón
Juana y Blanca murieron el mismo día, a la misma hora: un
Viernes Santo a las tres de la tarde.
Esto determinó que la separación que se habían impuesto cinco
años atrás terminara, de golpe, a la Puerta del Paraíso.
Una historia de amor frustrado, engaño, envidia y muerte
había separado a las hermanas. En el medio estaba el fantasma de Ismael. Blanca lo amaba y Juana se lo había quitado
con un embarazo fingido. Blanca se confió a una bruja, y el bebedizo que ella le dio para recobrarlo resultó
mortal para Ismael.
Junto a la puerta, Juana y Blanca se agitaban enfrentadas en
anhelos de sangre; pero no había uñas, ni manos, ni carótidas: sólo el odio,
mal sepultado bajo una montaña de buenas obras con las que buscaron, inútilmente,
sanar en vida su ira y remordimiento,
La Puerta del Paraíso
estaba cerrada con un grueso candado de nubes indestructibles: pero el frenesí
de los sentimientos de las mujeres sacudió la Puerta; Jesús y el bueno de San
Pedro alcanzaron a oírlo.
—Maestro— rezongó el viejo portero—Son las que mataron a Ismael. Otro par de almas indignas, que
pretenden la bienaventuranza. Justamente en este
día…
Jesús hizo un gesto de infinita paciencia: «Pedro… no te olvides del
gallo…! Avísale a Ismael y a los querubines»
Como en el “Hágase” del Paraíso, Ismael apareció en medio de
las hermanas y las abrazó en silencio. Los
angelitos rompieron a cantar: «Perdón,
perdón. Mi alma tienes sed de Ti»,
Y ellas lo coreaban bañadas de lágrimas y de luz. «Perdón, hermana,» sollozó Blanca».
«Perdón, hermana,» suspiró Juana.
Ahora la
puerta estaba abierta. Las manos de Jesús, claveteadas y resucitadas
desde la eternidad,
dibujaban sobre sus cabezas las buenas obras que habían realizado.
«Yo soy el Perdón», sintieron más que oyeron.
Y se
encontraron en el Cielo.
lunes, 31 de octubre de 2016
MIEDO
Anochecía y en la calle se iban encendiendo algunos faroles. La tormenta agazapada en el horizonte,
henchida de malos presagios, se puso en marcha desde los cerros cercanos y avanzó
derramando tinieblas. De pronto, se cortó la luz en todo el pueblo y estalló el
rayo.
Cerró ansioso los postigos;
atenazado de miedo, recordó la inundación del mes anterior; el brutal remolino
negro y helado que se había llevado tantas casas, fotos, perros, plantas… Tantas
vidas que seguían latiendo y reconstruyéndose; y tantas otras que no volvieron a respirar,
como la de su esposa.
Entonces escuchó otra vez los
cascos que retumbaban en el pavimento y
el grito débil de la mujer. Y al
instante, el alarido y el relincho desesperados y el chapoteo jadeante contra la correntada.
Y otra vez el miedo se le hizo
terror, parálisis. Pero su cabeza y su corazón latían descontrolados. Abrir la
puerta para brindar socorro era adelantar la entrada del agua en su casa. Quedarse,
sin más, era morir a su condición humana, a su impulso de ayudar, de salvar, de
salvarla… ¿A quién? ¿Dónde estarían ya la mujer y el caballo? «¡Quédate!»« ¡Tranca todo!»«¡Abre!» «¡Se estarán ahogando!»
Ya
no los oía cuando cayó de rodillas, entre estertores angustiosos, con las manos en la garganta y el pecho. El
agua borboteaba por debajo de su puerta; goteaba el techo en medio de las
tinieblas. Sintió que su mujer lo llevaba de la mano hacia una esquina lóbrega donde
yacía junto al caballo; ya no tenía miedo; él también se había ido.
viernes, 30 de septiembre de 2016
El otro yo
Este cuento desarrolla una posible segunda historia a partir de "Hernán", de Abelardo Castillo (argentino- 1935). Contiene, asimismo, un poema de Alfonsina Storni: "La caricia perdida"
Quiero contarlo ahora, para no
olvidarlo. Para mantener el equilibrio
sin invadir el espacio ajeno.
Cuando la señorita Eugenia entró por primera vez al aula, el otro
Hernán me dictó la pregunta: «¿Por qué sigue siendo señorita?»
«Sos un degenerado, Hernán», me llegó el cuchicheo entre risas
ahogadas.
Yo no era un ídolo indiscutible;
no había vivido ninguna de esas emociones rebeldes que se comparten con
los amigos y cuyo mayor encanto es el secreto. Las risas alentaron al
Hernancito malo que no puede volar por ahí dando disgustos a sus padres, y que
de un codazo le cerró la boca al Hernancito modelo: «Vos sabés que no
alcanza con ser abanderado y poeta y tener buena memoria; ellos, los otros,
son los dueños de las decisiones a la hora
de hacer una fiesta, de invitar o de
presentarte a una hermana, a una amiga. A
los dieciocho, alguna vez se puede ser cretino: se puede pisar la patineta y
echarse calle abajo en busca de aplausos. Allá vamos: cartitas, recitados,
miradas». Y nos lanzamos, ella y yo, en nuestras patinetas transgresoras.
Pero esa tarde, cuando bailé con ella y la invité a pasear al
astillero, me dolía el estómago; sentía que estaba descarrilando, y que nos
estrellaríamos contra aquel barco viejo.
La Señorita Ingenua, perdón, Eugenia, también lo había advertido. El
pimpollo de pasión que empezaba a enraizar en su alma llena de poemas ajenos se
estaba malogrando bajo una llovizna de miedo y de realidades. «Será mi primera vez. No juegues conmigo, por
favor. No destruyas mi sueño de amor» solloza su
corazoncito palpitante.
Pasé mi brazo sobre sus hombros; recostó la cabeza…
Entonces… Se miraron, tensos.
«Es
tu oportunidad de ser uno más, no un bicho raro». «No. Es tu
oportunidad de encontrarte y de quererte»
—Vamos; usted sabe que esto no puede ser cierto, y que es un juego de
chicos tontos. No sé qué estuve pensando. (El angelito bueno aletea).
Con las mejillas rojas, y el pecho agitado despierta Eugenia,
avergonzada, espantada de sí misma. «Idiota», le dicen sus propios ojos
llorosos. Respira hondo:
—No, realmente;
no puede ser… Ya ves cuántas tonteras puede hacer un adulto, Hernán, cuando no
es dueño de sí mismo; fue una chiquilinada de los dos.
— No llore, Eugenia. Perdóneme. Volvamos. Nadie sabrá nada de esto.
«¿Nadie? ¿Cómo quedás con los muchachos? Vamos, decile algo»
Y entonces se aliaron; como tantas veces me pasó en la vida, Hernancito, el poeta,
buen alumno y su mellizo el atorrante: “—Yo soy un enamorado de las letras y de
su sencillez— le
dije —; por
favor, no quiero olvidarme de este día de aprendizaje: déjeme algo suyo, de la
poesía que la inunda”.
Y ella también integró sus dos mitades. “Tonta. Me imagino la apuesta.
Hasta aquí llega mi ingenuidad.” Con manos temblorosas, sin dudar, llevó sus
manos al cuello y se quitó la bolsita de laurel: “¡Tomá, chamuyero! Mañana nos
veremos en el aula. Sos tan niño… Chau. Me vuelvo en el ómnibus”.
A la mañana siguiente, la bolsita
de alcanfor (o laurel, no está muy claro) colgaba del marco del pizarrón, como
una palomita perdida.
La señorita Eugenia entró al
aula, clavó la mirada entre espantada y dolorosa en el pizarrón y en mí. Luego
respiró profundamente, muy hondo, y ordenó: «Lectura
silenciosa “La caricia perdida”, de Alfonsina Storni; página catorce de la Antología». Mientras la buscábamos, tomó la tiza, descolgó la bolsita y la echó al basurero.
La Caricia Perdida- Alfonsina Storni
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
Se me va de los dedos... En el viento, al pasar.
La caricia que vaga sin destino ni objeto,
La caricia perdida, ¿quién la recogerá?
Se me va de los dedos... En el viento, al pasar.
La caricia que vaga sin destino ni objeto,
La caricia perdida, ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
Pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...
Pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
Si estremece las ramas un dulce suspirar,
Si te oprime los dedos una mano pequeña
Que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si estremece las ramas un dulce suspirar,
Si te oprime los dedos una mano pequeña
Que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano, ni la boca que besa,
Si es el aire quien teje la ilusión de besar,
Oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
En el viento fundida ¿me reconocerás?
Si es el aire quien teje la ilusión de besar,
Oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
En el viento fundida ¿me reconocerás?
Micros de "Portal del escritor"
· La aventura de Escribir: Portal del Escritor" es una página en Facebook, coordinada por Diana Morales. Dos veces por semana propone títulos para microrrelatos o poemas. Estos son los que yo he escrito, y me gustan mucho. Y por ahí también guardo textos de mis compañeros.
*.(Alicia Jiménez)Arrancaré las ramas con las que me sometiste, y brotaré creciendo, alimentando mis raíces con los restos de tu cuerpo.
Empezaré de nuevo... Sin tu aliento en mi costado, sin la sensación de miedo, sin la ingenuidad perdida, y tan fría como el hielo.
Empezaré de nuevo... Te pudrirás lentamente, yo volaré con el viento olvidándome del monstruo y comenzando mi cuento.
Empezaré de nuevo...
Empezaré de nuevo. Ya desactivé el predictivo. Ahora sí: TE AMO (y no TARADO).
Empezaré de nuevo... Sin tu aliento en mi costado, sin la sensación de miedo, sin la ingenuidad perdida, y tan fría como el hielo.
Empezaré de nuevo... Te pudrirás lentamente, yo volaré con el viento olvidándome del monstruo y comenzando mi cuento.
Empezaré de nuevo...
Empezaré de nuevo. Ya desactivé el predictivo. Ahora sí: TE AMO (y no TARADO).
· *Cuando oyera tu llamado ¿qué es lo que TIRARÍA?
¿Esos DÍAS y NOCHES en los que viajamos la vida soñando que nos amábamos?
¿Estos DÍAS y NOCHES de dolor y ausencia?
· * Abrió
emocionado aquella puerta; las tapas del libro prohibido le cedieron el paso al
mundo de los adultos.
· *Destiny I: Destiny aparecía por todos los
rincones imaginables. Aquella chica fue mi amiga invisible en la infancia; la
que me susurraba los operativos más insólitos para que me consagrara como el
más malo y rebelde a los ojos de la autoridad,
y como el jefe indiscutido y temido entre mis compañeros; pero también
era Destiny la que se reía de mí cuando
la mala fama me cerraba puertas; la que me volvía la espalda y me dejaba
envuelto en sus carcajadas y en una nube de ira y decepción.
Fue creciendo conmigo,
mostrándome nuevas oportunidades de
opciones según mi edad y mi lugar social. «Dale.
Vos sos así»,
apuntaba Destiny, mientras yo me entregaba al desorden y la violencia; mientras
me quedaba más solo en mi soberbia.
Uno de los peores días de mi vida
le hice mucho daño a quien confiaba en mí;
su llanto herido y desilusionado lavó el hechizo; sus sollozos me impidieron
oir los cuchicheos de Destiny. «¿Por
qué, si vos querías hacerlo de otro modo?¿Por qué si eras feliz y me hacías
feliz?»
Entonces
descubrí que Destiny era una de esas gemelas malogradas y enquistadas en
el hermano, en mi alma; y que estaba
muerta; y que yo era mi Destino, el único capaz de elegir para ser realmente
humano. Cuando sequé las lágrimas que había causado y puse mi mano en otra
mano, acepté que era uno como todos, al
mismo tiempo necesario y necesitado.
· *Destiny II—Sí, Destiny; ese es mi nombre.
La chica tendría dieciocho años;
una chica común, con algún gramito de más en la cintura y unos cuantos detalles
descuidados en su sencilla elegancia pueblerina.
—Destiny.
Destinada. ¿Ya sabes a qué?— El anciano le sonrió entre sus largas barbas
blancas, y le tomó la mano derecha.
Bajo la carpa polvorienta de la
feria el hombre y la chica se miraban como fascinados.
—Supongo
que a la felicidad. Espero que usted me ayude a descubrirlo, señor.
—Creo
que ya lo descubriste; hasta aquí, tu mirada está llena de confianza, mientras
te chispea de curiosidad e interés. Tu destino es hacer tu felicidad con frutos
de paz.
—¿Llegaré
a la felicidad, entonces?— murmuró la chica.
—No lo sé,
aunque creo que sí. Cuando sea la hora te darás cuenta de que has llegado
porque todos los que has amado te están mostrando cómo lucen tus frutos.
* Recuerdo aquel primer beso de cualquier
película romántica hasta los años cincuenta. Tanto podía ser una de cowboys
como una comedia cotidiana de entonces: la chica de enfrente, el compañerito de
la secundaria, aventureros en la selva o amor de verano en la playa. Todo era
mesurado y tan dulce como un flan de dulce de leche. Y el primer beso era
secreto: el oportuno sombrero de uno de los dos servía de telón para ocultarlo;
y el The End, en letras góticas doradas, se desplegaba en primer plano entre
los acordes triunfantes de la música de fondo. El cine no hacía escuela; cada
quien aprendía cuando se lo pedía la vida.
* La nieve arreciaba sobre Praga. "Estoy
perdido" se dijo el detective. "Moriré congelado si no llego pronto
al hotel". Su celular vibró en el bolsillo. Con una extraña vocecita de niño
sabihondo el GPS empezó a dictarle el camino.
* Sin “a”: Ese día podré decir que te conozco. Yo sé que escondes mil secretos;
percibo tu submundo de titubeos, errores y desilusiones, y tus confusos
proyectos. Descúbreme este sitio misterioso que te oprime; y entonces podré
decir que te siento muy próximo y que podremos discurrir juntos construyendo
futuros.—
· *.Se apagaron las luces; todo estaba perdido.
Su PC se quedó oscura, resignada y fatalista. No había guardado los cambios y
su inspirado poema se disolvió en la nada. ¿Y este es el triunfo de la
tecnología?
· * Los equipajes cayeron al río, desde el ómnibus
siniestrado. Allá fueron todos mis
escritos. Dulcemente, él trató de consolarme.
Esa tarde entró en mi vida.
· * Laura despierta durante esa madrugada de verano.
Tendida en su cama se siente lúcida, pero ajena a su entorno y a su propio
cuerpo. Una extrema lasitud le impide reaccionar ante los rayos azules que la
envuelven y la izan hasta su ventana abierta, en el sexto piso del edificio
céntrico. En medio de un silencio
insólito, sin frenadas ni bocinas, flota hacia el vehículo espacial que la
absorbe. Dentro, todo es anónimo, frío y brillante. No sabe por qué comprende
que esta es la avanzada de una
invasión interplanetaria. Pero no tiene miedo ni curiosidad. ¿Cuál es su
destino? Sinceramente no la preocupa en absoluto. No imagina cuánto ha cambiado
ya su existencia.
· . *Todo saldría bien si esa noche llovía Ella recordaba un poema: "Amo las
noches de lluvia... Son de una intimidad intensa y dulce,,," Sería la
noche del reencuentro, del abrazo postergado... Él también ansiaba que lloviera
esa noche; el avión debería suspender el vuelo, y él tendría una excusa
perfecta para no volver a casa y pasarla bien sin el anillo de bodas.
· * Un Beso: Monika
Fikimiki Un beso rápido,
silencioso, cálido... Sus ojos, llenos de ternura y devoción, hicieron que me
temblara la mano, tocándola. Luego se fue corriendo detrás de aquel coche,
ladrando, queriendo ahuyentarlo y escuché su lamento junto al frenazo. Luego
silencio, solo ese silencio doloroso. Lo que me quedó de ella fue un beso.
· *Un beso... ¿Qué significa un beso de
la misma boca llena de mentiras? Nada los une ya. Ni siquiera un beso.
- .Culpa
Culpa…
Nadie quiere tenerla pero es nuestra;
porque nos da pavor equivocarnos
y desatar tormentas…Un hilo en la locura
La flaca rubiecita sacudía su melena al ritmo de su silbido romántico: "La barca".
La otra flaca, la morocha, leía en voz alta un párrafo de su futura novela:
La otra flaca, la morocha, leía en voz alta un párrafo de su futura novela:
—"La barca", se llama: "Dicen que la distancia es el olvido..."
Cerca de la pelirroja y la morocha, mujeres de mediana edad, se balanceaba una señora totalmente calva, esta sí muy vieja; danzaba como enamorada; canturreaba la melodía del silbido con las palabras que lograba retener, de la futura novela
—Distancia, cautivo, amor, playa, naufrague...
—"¡No! No llores más; nos queda poco tiempo"— leyó la morocha— "tristemente, tiernamente, como se va el amor…"
De inmediato, la rubiecita silbó su propia versión de “En nuestra despedida”, de Salgán y Silva; la señora muy mayor amagó unos pasos de tango y también cambió su emisora: “hablarte, sueños, esperanzas …”
La celadora se detuvo y sonrió desde la entrada de la salita monacal y penumbrosa; junto a la ventana enrejada que mostraba un jardín vulgar, las tres mujeres, en camisón y zapatillas, estaban absortas en sus burbujas; no se conocían; tal vez no se percibían; pero un hilo impalpable, un hilo de arte, de sentimientos, las unía en la soledad del manicomio.

miércoles, 17 de agosto de 2016
Una creación colectiva, "TIEMPO Y CADENAS"
Esta
obra se publicó en julio de este año. Se trata de una colección de quince
relatos que enlazan con el tema del tiempo y los lazos con que nos va marcado.
El proyecto nace en el ámbito de Literautas; los autores se proponen sumar los
logros que apoyó la citada plataforma y proyectarlos en esta obra de mayor
exigencia.
Hablando
del tiempo, leemos en el Prólogo de Tiempo y Cadenas: “En el intento de
explicar lo inconcebible, de capturar momentos etéreos con manos fugaces, es
donde la escritura alcanza su función más loable: la de burlar al tirano, preservando
la realidad para nosotros, lectores.
El
escritor se remanga y zambulle en las aguas al rescate de historias que, de
otro modo, se perderían en la eternidad.”
Lo más notable, es
la calidad de la escritura, la construcción prolija y elegante. A ello se suma
la variedad de las situaciones que nos muestran al tiempo actuando en la vida
de la gente: la reencarnación, la venganza, las luchas por el poder, la
hipocresía social, la discriminación sexual, la opresión de la mujer, los secretos y los mandatos familiares el paso
del tiempo en el relato fantástico y la leyenda. Y cada uno de los cuentos luce
un estilo personal que nos conmueve, lleva a la reflexión y entretiene.
“Amor sin tiempo”, “El trato”, “El crisol de las almas rotas”,
“El legado del mar”, “Desde la frontera”, “Encadenado al tiempo”, “Eslabones
del pasado”, “La casa de las águilas”, “La dignidad de una reina”, “La leyenda
de la Dama de la noche”, “La mujer del judío”, “La reina con el corazón helado”,
“Nieve y dunas”, “Semillas de trébol” y “Una cuestión de tiempo”, son los títulos de estas historias.
Mis sinceras y cariñosas
felicitaciones a mis compañeros de Literautas: R. P. García, L.M. Mateo, Manoli VF, Isolina Rodrigo Rodrigo, Verónica Murillo, K. Marce, Coral Keelan, Beatriz Barquero, Isabel R. V, y Ryan Infield Ralkins porque han sumado a su buen oficio
literario una actitud generosa: Los beneficios obtenidos
con la venta de la obra se destinaron íntegramente a la Fundación Educando a un
Salvadoreño (FESA), la cual provee becas de estudio y promueve el deporte entre
los jóvenes de El Salvador en zonas de riesgo social y de exclusión.
Contacto: : mipalabraenturetina@gmail.com.
martes, 16 de agosto de 2016
http://mundoconsciente.es/kintsugi-el-arte-de-hacer-bello-y-fuerte-lo-fragil/
Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.
El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. El kintsugi añade un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hace que antiguas vasijas pegadas sean aún más valoradas que las que nunca se han roto. Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto. En lugar de considerarse que se pierde el valor, al reparar la cerámica se crea una sensación de una nueva vitalidad. Dicho de otra forma, el tazón se vuelve más bello después de haber sido roto y reparado. La prueba de la fragilidad de estos objetos y de su capacidad de recuperarse son lo que los hace bellos.
Llevemos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos y que, a veces, lastimamos o nos lastiman. ¡Qué importante resulta el enmendar! Qué importante entender que los vínculos lastimados y el corazón maltrecho, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)