Blog para recopilar y compartir mis escritos, fragmentos de lecturas que me han impactado y algunas informaciones útiles para escritores
martes, 23 de marzo de 2021
El Amor es más fuerte*
lunes, 22 de marzo de 2021
El Amor es más Fuerte
Microrrelato para El Tintero de Oro. “¿Y si nos hacemos una ucronía?”
El punto Jonbar de este micro, es el choque entre la realidad más pragmática y el idealismo más puro; el conflicto básico de la novela de Cervantes.
Frente al monólogo solitario de Don Quijote nos convencemos de su derrota; de su locura de amor. Nunca será correspondido; su amada no existe.
La voz pragmática de Sancho retrata a una Aldonza ordinaria, sucia y fea. que se ríe groseramente del Caballero.
¿Y si Dulcinea nos contara desde sus recuerdos los sucesos que la arrastraron a la fama en la literatura?
¿Cómo llegó a la memoria universal, a la zaga de aquel loco?
Abrid vuestros oídos, amables lectores, y descubrid los misterios de un corazón de mujer.
***
El Amor es más Fuerte
Otra vez me vino “la Colorada”. Me siguen faltando dientes y sobrando kilos; sigo cocinando coles y cuidando cerdos. Pero hace un mes que me ven distinta: silenciosa, cantarina, amable, limpia.
Aquella mañana iba a la aldea cuando escuché el repique de latón, y el paso del rucio: llegaba el que le dicen Don Quijote.
Él se apeó, tembleque y corcovado, y se postró ante mí. Y entre los crujidos de sus huesos y los de la armadura, escuché su voz, tan apasionada y firme como la de un joven trovador ardiente.
«Soberana y alta señora» «Dulcísima Princesa del Toboso» «¡Oh bella ingrata, amada enemiga mía, de sin par y sin igual belleza». «Si gustares de socorrerme, tuyo soy».
Como siempre, había alzado unas boñigas para tirarle. Pero hoy… Se me cayeron de las manos… Y la carcajada burlona, ronca y áspera, se me volvió sonrisa y palpitaciones. ¿Sería por “la colorada”?… Siempre me pone sentimental y floja.
Me quedé mirándolo, como si fuera un aparecido milagroso y bienhechor. Una dulzura exquisita bajaba por mi cuerpo; algo tan nuevo, como la ternura… tan insólito como jugar a ser princesa.. .Dejé que me penetrara su mirada… ¿De loco o de santo?
Me acerqué. Tendia sus brazos; olía como un bebé sucio necesitado de ternura y cuidados. Palmeé su cabeza
Después me alejé, pensativa. «Dulcinea, virtuosa emperatriz»… «tu fermosura»…
Esa mañana sentí mi alma trémula de placer; esa mañana me amé porque me sentí amada.
sábado, 6 de marzo de 2021
Máscaras
Ya he cumplido mi Cuaresma:
Vía Crucis doloroso
y solitario.
Y te descubro en mi cama,
duende de otros carnavales,
revueltos en serpentinas
meneos y risotadas.
Ahora que estás tan cerca,
al alcance de la mano,
quiero tomarme revancha
de ese amor que se ha perdido
enredado en tu comparsa.
Despertarte muy de noche,
cerca de la madrugada,
para desenmascararte.
Para verte feo y fofo, triste y solo,
blandengue por todas partes;
y reirme a carcajadas
sin que se salten las lágrimas.
¿Llantos? Es que tengo puesta
una máscara en el alma:
porque lo poco que puedes
es mío,
y aún me hace falta.
Microrrelatos del Taller La Bisagra- 2019
Con parónimos
1- Noche mágica
Un chistido burlón, ¿una lechuza? remeda mi suspiro. No importa. ¡Basta de disecar fantasmas; de remendar el alma!
Mi azar no teme a los perjuicios; ya no hay miedos… Sin hesitar, mi corazón latiente, se desgrana en la espera del
prodigio. Me excita este misterio que aletea como polvo de estrellas. Una ilusión latente, que busca ser florida
primavera en el encuentro…
Me desvelo. Siento que puedo develar el crucigrama de tus pasos y los míos, y estoy segura de que estamos cerca. ¡Y
aquí está la prueba flagrante: tu perfume de azahares limoneros!… Cientos de huellas fragantes e inasibles me cercan
en la espera inasequible. Limosnera sedienta, desecada de sueños, expiran mis prejuicios entre tus manos sabias; y
espiras sueños nuevos en mi boca ardiente.
2- Casi bíblico
El sexto día, el Eterno los creó; después echó al cesto sus infinitos proyectos; cambiaría la configuración según fueran
decidiendo Sin duda, los yerros serían constantes, pero estaban diseñados para convertirse en firmes escalones de
hierro.
Esa misma mañana, Adán y Eva devanaron el ovillo de los instantes tonteando con los conejos y las margaritas. Jamás
se devanaron los sesos para entender el sexo a la sombra de los manzanos. ¿Hubo una serpiente? ¿O se rebelaron,
ingenuos, cuando se les reveló el gozo de rebelarse?
II: A partir de títulos de obras literarias
Péndulo contra pozo
El péndulo marcha firme, como un soldadito, en la caja de caoba del reloj. Con cada rebanada de los segundos que
remarca, yo voy armando sándwiches de vida, en la bandeja del tiempo, Es una paradoja; aferrada al vaivén de las
rutinas cotidianas, de los deberes que ya son amores, se ventilan mis horizontes; voy venciendo al imán del desencanto,
pozo lúgubre que asfixiaría mi destino de luz; sin soltarme, me hamaco y vuelo hacia mis sueños.
Yo duermo hasta mañana; el péndulo impasible desfila por encima de cumbres o de abismos.
Desde “El pozo y el péndulo” (Poe)
Estoy en paz
Se atrevió a burlar a la muerte, pero ella no lo abandonó en un plácido bienestar; lo rondó en
angustias y dolores terribles hasta que purgara la culpa que creía haber esquivado.
Durante ese tiempo de agonía, recorrió el tronco rugoso de su vida con los dedos rígidos de su
harapienta memoria . A cada momento tropezaba con alguna cicatriz que recordaba sus opciones.
Muchas se anudaron en la desilusión; le arrancaron un suspiro nostálgico y alguna lágrima. La
mayoría había renacido en ramas fuertes que buscaban cielo y luz; y él estaba latiendo en cada una,
agradecido y seguro.
—No maté a un niño— se dijo.— Lo podé una y otra vez, para que pudiera crecer.
Un golpeteo vacilante marcaba pasos ya conocidos. No tuvo que abrir la puerta; la sombra se dibujó
junto a la cama.
Le sonrió al viejo del bastón.
—¿No traés el revólver?
—No. No vengo a asustarte. Vengo a hacer justicia. Llego para todos.
—Cuando quieras—dijo—. Estoy en paz.
A partir de “El episodio del enemigo”- J.L. Borges
lunes, 22 de febrero de 2021
MANDATOS DIVINOS*
Se la llevaron vestida de blanco, “almidonada y compuesta”, como dijo Guillén. En vez del erguido moño blanco, llevaba una azucena, ceñida a la cabeza con una cinta de raso. Se llamaba Aurorita.
Domingo de Primeras Comuniones. Había varias carrozas, carretones, caballos enjaezados. Los salmos escapaban hacia el atrio, en las volutas de incienso teñidas del rosa y el dorado de las lámparas.
Los niños, vestidos de blanco, “almidonados, compuestos”, se alineaban para entrar a la iglesia. Y allí estaba la niña negra; saludable y feliz. Madre Graciela, una monja cincuentona y huesuda, mantenía el orden, con una mirada severa y ardiente.
Repicaron las campanas. Madre Graciela guió a los niños, y saludó, como al pasar, a unos viejos limosneros, al tiempo que apoyaba su mano en el hombro de Aurorita. Cuando volvió a mirarlos, todos los otros chicos seguían caminando hacia la entrada.
Las familias se
pusieron de pie. La piadosa fila ingresó
al templo y ocupó sus escaños con las manos juntas. «¡Oh, Santo Altar, por Ángeles
guardado».
Un cura muy anciano y unos monaguillos impúberes, salieron de la sacristía; iba a empezar la Misa.
. De pronto, la ceremonia del templo se turbó con gritos desesperados y una carrera ansiosa:
— ¡Aurorita, Aurorita! —clamó una señora con trazas de abuela.—¡No ha entrado con los otros niños! ¡Yo se la entregué a la Madre Graciela! ¡Madre, Madre! ¡No está la Madre, ni la niña tampoco!
Hubo un revuelo de curiosidad y miedo. «Anoche empezó el Carnaval. Ya estamos en Cuaresma». «El diablo». «Las ceremonias en el bosque» Con mucho recato, para no alterar el clima místico, los vecinos preguntaban, abrazaban, consolaban.
El sacerdote
continuaba imperturbable los
Ritos Iniciales de la Eucaristía. «Amados hermanos: Pidamos perdón por
nuestros pecados». «Glorifiquemos al Señor». «Tuyo es el Reino». Nada parecía más importante que la
Celebración; nada podía interferir en Sus Misterios.
Alguien habría acompañado a la desesperada mujer hasta la oficina del alguacil. La calma de las plegarias y la emoción familiar envolvían a los fieles.
Afuera, los dos viejos, hombre y mujer, pasaron de largo por detrás de la iglesia.
Llevaban de la mano a una niña negra, toda vestida de blanco. También eran negros, pobres negros zaparrastrosos, tan viejos que tenían el pelo blanco; desdentados, retorcidos. Y sus manos hablaban de algodonales bajo el sol ardiente, mientras seguían su carrera entre trompicones y jadeos hacia el bosque.
Se escuchaban los tambores.
—Ah, Yemayá—musitaban—. Aquí estamos. No nos sueltes.
Ahora, la niña negra, vestida de blanco, parecía adormilarse, e iba perdiendo el ritmo que le marcaban.
El viejo la alzó en brazos; la mujer sostuvo su cabecita rizada.
En la linde del bosque, esperaba un hombre. Era cincuentón y huesudo como la Madre Graciela. Tan severa y apasionada su actitud, como la de ella.
—Orishá—murmuraron los ancianos.
Coronado de plumas, él impuso las manos a los dos viejos:
—Mis devotos fieles: Yemanyá está contenta; les devolverá la salud y los colmará de bienes.
—Ashé, ashé— musitaron entre reverencias .
Orishá examinó a la niña dormida. Desde el cáliz de la azucena en su tocado, reverberaba un halo: era La Elegida. Solemne, la llevó en brazos, hacia el ara de troncos, seguido de los ancianos. Una rueda silenciosa de yorubas con sus tambores mudos se inclinaba a su paso.
Los dos mensajeros la desnudaron; ella la sostuvo en brazos y él colocó sus galas sobre el altar. El sacerdote las roció con un líquido ambarino y perfumado y les prendió fuego.
Y mientras el ajuar cristiano ardía y se consumía, recibió a Aurorita y le insufló nueva vida, soplando y besando todo su cuerpo.
Después la vistió con nuevos hábitos: una pequeña túnica blanca y una tiara de flores amarillas como soles. Alzó a la niña, por sobre su cabeza, y la presentó a la asamblea. La chiquilla estaba despierta, y cantaba eufórica
—He aquí a nuestra Orishá. Yemandá la rescató, por nuestra fe, la fe de sus hijos. La trajo con las manos fieles de sus pobres negros. Su nuevo nombre es Janaína. ¡Ella es nuestra; somos su familia!
Despertaron los tambores y se desató la danza frenética. Los dioses sembraban alegría y vida.
En ese momento, en el templo, el sacerdote levantaba la Hostia Consagrada, por encima de las cabezas reverentes de los fieles. «Señor mío y Dios mío»
La brisa mezcló la aclamación con el ostinato de los tambores y los
Ashé.
*Publicada en Relatos Compulsivos. Feb. 2021. Consignas: Se la llevaron vestida de blanco... Tres personajes por lo menos. Una flor.
domingo, 7 de febrero de 2021
Radioteatro Noctámbulo: PARA VISONES SANITOS
¡Oh, la radio! ¡Durante cuántos años vivimos sin televisión! ¡Y qué bien nos acompañaban los radioteatros! Los parlamentos sobreactuados, las voces engoladas, los fondos musicales, los inefables presentadores... Y como siempre, la publicidad sacando tajada de todas esas experiencias de vida.
Para participar en la XXV edición de El Tintero de Oro, hoy va este paso de... ¿comedia?, que muestra los sinsabores del hastío y la desilusión.
Presentador: Buenas noches, querida audiencia de Radio Popular. “Chau, Chau”, el mejor mata polillas, presenta... ¡¡¡El Radioteatro Noctámbulo!!!
Nos asomamos, como vecinos curiosos, al dormitorio de Anacleto y Antonia. Él, peladito y panzón; ella, robusta y teñida de rojo; cincuentones, pero vitales.
Hummm. No pinta muy bien...La misma atmósfera tensa, polvorienta y mal iluminada, del último episodio
lunes, 25 de enero de 2021
Abisal
No sé si fui ciego de nacimiento. Me abandonaron de pequeño a la entrada del monasterio; (alguna de aquellas historias de hambre… o de deshonor…)
Me llamo Jorge.
Fui como el cachorrito de los monjes: siempre los seguía, y aprendía de mi tacto y mi memoria más de lo que me decían. Vivía como ellos, de la oración y el trabajo. Cantaba a coro, rezaba a coro, jugaba cuando se debía jugar, callaba cuando se debía callar.
Como los peces abisales, flotaba en una penumbra de ruidos y de murmullos distorsionados. Me nutría en soledad, de las presas que atraían las bacterias luminosas: las voces pastorales. Crecí en aquella luz equívoca, blindado en una coraza de ideas fantasmagóricas y acérrimas. Era una rutina serena y provechosa, que no admitía disonancia.
Cuando comencé a percibirla, a sentir cómo se enrarecía la serenidad y crujía la estructura, me supe el elegido para asegurar el equilibrio. Y a pesar de mis ojos blancos e insensibles los fui catalogando.
Pronto descubrieron que vivía en paralelo a la comunidad, en una oscuridad insondable. Nunca me juzgaron. ¡Cosas del Señor! ¡Todos somos sus hijos!
Me asignaron la responsabilidad de la biblioteca. Había memorizado su disposición y era capaz de recitar y reconocer los textos que manipulaba.
La biblioteca era el seno de los más lúcidos enemigos de este mundo- limbo: los ambiciosos, los soberbios, los mentirosos.
Todos saben cómo terminaron. Un tal Umberto Eco se los ha contado.
lunes, 18 de enero de 2021
ABISAL
No sé si fui ciego de nacimiento. Me abandonaron de pequeño a la entrada del monasterio.
Fui el cachorrito de
los monjes: siempre los seguía, y aprendía de mi tacto y mi memoria más de lo
que me decían. Vivía como ellos, de la
oración y el trabajo. Cantaba a coro, rezaba a coro; callaba, escuchaba y
memorizaba.
Tal vez por por algún rencor innato, no pude entender aquello de la alegría, el fruto de
ese estilo de vida. Cosas del Señor!
¡Todos somos sus hijos!
Como los peces abisales, yo flotaba en una penumbra de murmullos distorsionados, sin espacios
para la estridencia o los sentimientos. Me nutría en soledad, de las presas que
atraían las bacterias luminosas: las voces pastorales firmes y austeras. Crecí en aquella luz equívoca, blindado en una coraza de ideas fantasmagóricas y acérrimas. Era una
rutina serena y provechosa que no admitía disonancia.
Me asignaron la responsabilidad de la biblioteca. Había memorizado su disposición y era capaz
de recitar y reconocer los textos que
manipulaba. Sabía del secreto tesoro: aquel libro pecaminoso que alejaba de la
paz de Dios.
Cuando comencé a percibir los egoísmos, a sentir cómo se enrarecía la serenidad y crujía la estructura, supe que Satanás alentaba desde aquellos viciosos, mentirosos, soberbios que querían sacarlo a la luz . Yo era el elegido para asegurar el equilibrio.
Y a pesar de mis ojos blancos e
insensibles los fui exterminando.
jueves, 14 de enero de 2021
De dónde soy
DE DÓNDE
VENGO
Ella, pianista
coqueta,
primorosa y
divertida,
conquistaba
corazones en montón.
Él, buen
mozo, un poco flaco,
inseguro, timidón.
Se vino del
Seminario, armó el Coro de la Iglesia,
y con ella
se quedó.
(Suena
ambiguo; pero es cierto: la amaba de corazón;
pero le
robaba el alma
ser
evangelizador).
Vengo de
música y rezos, de un enorme familión;
crecimos en
una casa llena de chicos y sol,
llena de
pianos y gritos, entre mates y deberes ,
desyuyando
con ‘Principios’, frustraciones y dolor.
¿Qué fue lo
que los unió? ¿La música y la pobreza?
¿Los diez
hijos que nacieron?
Sin duda lo quiso Dios.
sábado, 9 de enero de 2021
DÍA DE LA MÚSICA
Justo hoy, Día de la Música,
has venido a visitarme.
Armoniosa y prolijita,
aprovechando algún trino, entraste por la ventana;
y te sentaste en mis manos.
Y tu recuerdo fue magia
sobre el teclado.
Tan nuestra como vos misma
era tu música, mami:
“airenuestro cotidiano”.
Y vos, eras panadera de talentos musicales;
la profe de todo el pueblo,
repartida en cuatro pianos,
entre veinte alumnos diarios…
Vos piloteabas bemoles
y corcheas a raudales.
Gracias a vos, esos Genios,
desde Beyer a Beethoven
no murieron nuevamente…
esta vez, asesinados.
¿Te acordás que, mientras tanto,
vigilabas la comida, los deberes de la escuela,
el lavado y el planchado?
¿Qué tejías escarpines para el hermanito “en viaje”?
¿Y que con la aguja libre señalabas partituras
o posiciones correctas para tocar bien el piano?
Gracias, mami, en este día,
por tu vida y por tu música
que me has sembrado en los dedos
y en el alma.
domingo, 20 de diciembre de 2020
YA BASTA
Ya no quedan margaritas
para arrancarles los pétalos;
ni lágrimas en mis ojos
para saber que estoy ciega;
ni suelas en mis zapatos
para gastarlas, tanteando,
en un laberinto muerto.
¡Basta, entonces
de perseguir telarañas!
Media vuelta, una sonrisa,
y a buscar dentro del alma
con qué tejer un sombrero
de colores animados
para recibir al sol
en esta nueva mañana.
Y con el sombrero airoso
y una canción reinventada,
me lanzo otra vez al aire
a descubrir otros cielos,
a probar sabores nuevos,
perfumada de esperanza.
PEREGRINO DEL SOL
Peregrino del sol, he despertado
En mil mañanas de dorado estío
y enderecé mi vuelo entre las hierbas
a beber agua fresca en el rocío.
Escarbé entre la tierra generosa
Buscando insectos y semillas; vida
bullente bajo el sol, para mis hijos
para el vuelo y el canto cristalino.
Yo sólo sé de luces y de trinos;
De la sombra no sé, porque me ampara
La bendita tibieza de mi nido.
Allí me duermo y espero el nuevo día.
Puede ser que el tal día me depare
una pedrada artera, o hambre o frío.
Sentiré que mis alas no obedecen,
quedará mi garganta enmudecida.
Ha llegado la muerte, y sin temerle
seré polvo en el aire silencioso;
me doraré en el aire o iré al suelo
a enriquecer la tierra, para nuevas vidas;
para otros muchos vuelos peregrinos.
.
LA VIDA RÍE, DUELE, PASA
I- Nada era más bonito,
más sublime,
que ver amanecer en Los Gigantes.
Nada tan cálido, tan nuestro,
como hacer un fogón y trasnocharnos
guitarreando y buscando los perfiles
de la utopía;
o robarse algún beso, y prometerse
ingenuas fantasías.
II- Nada hizo tanto ruido y dolió tanto
como aquella caída en el espanto,
en las guitarras rotas y las voces muertas
y los fogones fríos,
y los besos perdidos.
III- No pudimos volver, por muchos años;
algunos, nunca más...
La tormenta pasó, pues todo pasa.
La vida sigue, ya no somos niños.
Con inconsciente fuerza, Los Gigantes
se elevan impasibles hacia el cielo, todavía.
FANTÁSTICOS BAÚLES
FANTÁSTICOS BAÚLES
Baúles y canastos… Ropa,
útiles de trabajo, documentos.
Los jóvenes bajaban de los barcos,
atentos a los niños y a los fardos,
cimientos de esperanzas nuevas.
¿Quién tenía valijas, atachés, u ordenadores?
¿Cómo guardar tantísimas historias,
tanta memoria?
¿Cómo guardar consejos y reproches
de los viejos llorosos
que decían adiós en las aldeas?
La vida, los recuerdos, las costumbres,
las canciones de cuna y oraciones
viajaron en secretos,
fantásticos baúles incorpóreos.
Y enraizaron en tierra americana,
en las voces de abuelos labradores,
narradores de dichos y misterios,
cantadores de coplas…
furibundos, si el cielo no mostraba
sus luces más propicias;
rezadores, por si acaso era cierto
que hay un Dios providente,
que hace salir el sol y es para todos.
Incorpóreos y sólidos baúles,
que se abren en caricias
en nuestros corazones.
miércoles, 9 de diciembre de 2020
SOLANGE Y EL BOBO
SOLANGE Y EL BOBO
La tarde luminosa se encendía en losj jardines. Alba escudriñó las ventanas cerradas al sol de la siesta y los macizos de flores del parque de la casa; hora propicia para distenderse en la playa y dar algunos pasos para sentirse madura y serena.
Desde la cima del promontorio, contempló la caleta. Respiró a pleno el aire cálido, y empezó a bajar. A la distancia, vislumbró sobre la playa áspera, al bobo, el hombrecito viejo y desharrapado que juntaba caracolas; casi una sombra, su covacha y su estampa ruin, contrastaban con el agua irisada de luz.
En la plenitud de aquella tarde, la joven se fue desnudando y desdibujando sobre la arena; una brisa apacible la acariciaba lenta y persistente, y la mecía sobre la marea.
Como siempre, lenta y precisa, Solange emergió de su ser y de todo el paisaje. Alba reconocía las manos, y sabía sus trayectos y caprichos. Desde el rumor del mar, la inundaba de suspiros y le dictaba consignas inesperadas que la guiaban hacia los recovecos profundos de su cuerpo, hacia los secretos latidos, los súbitos jadeos, las inesperadas mieles que rebasaban sus fuentes… Un sendero hacia la eclosión maravillosa de Solange: su risa, su canto, su danza…
El hombrecito se había erguido, y notó su presencia:
«Volvió del mar, mucho más hermosa; como una sirena»
Fascinado, dejó las caracolas; la miraba acariciarse y bailar como un torbellino de luz.
«Una sirena. Yo sé que hay sirenas»
Se iban adormeciendo los brillos del agua. Plenamente cansada, Alba se desperezó sobre la arena, bajo el sol. Solange susurraba adormilada.
El bobo se acercó expectante. Con expresión maravillada le clavó los ojos bovinos y le tendió la mano derecha, en actitud de obsequiar: traía un puñado de conchillas. La izquierda aleteaba temblorosa, ansiosa, hacia ese cuerpo vibrante que ahora lucía encogido de miedo y de desprecio, mal envuelto en su ropa y en sus propios brazos.
—Hola. Vos tenés pies… ¿No sos una sirena? ¿Querés un regalo?
Tartamudeaba indeciso y ansioso.
Alba reaccionó y lo increpó, furiosa.
—¡Me asustaste, mirón estúpido! ¡Andate o te denuncio! ¡Vas preso!
El hombrecito acercó la mano a la cabellera cobriza y reluciente.
—Yo… No hice nada… Yo no digo nada… Sólo quería reg…
Entonces, Solange saltó burlona
desde su caparazón secreta.
—¡Infeliz! ¡Mirá! ¡Mirá por única vez!
Desplegó los brazos, se deshizo otra vez de la ropa, lo apartó violentamente y giró, y giró...Reía a carcajadas y amagaba con acercarse al
cuerpo del hombrecito. Y entre risas y gritos, seguía amenazándolo.
—Nunca más. ¿Me oiste? ¡Nunca más!
Y él corría hacia su covacha, arrastrando sus ojotas, sin dejar de volver la
cabeza.
Cada tarde, Alba-Solange repetía su número solitario, mientras él la miraba desde lejos, guardando distancia y conchillas entre la arena.
Ella no sabía que el bobo modelaba monigotes de sirenas y les enredaba caracolas en la cabellera.
viernes, 4 de diciembre de 2020
SIEMPRE HAY UN SOL
En el atolladero de la vida,
la honestidad batalla contra el miedo.
Hundirme cada noche sin estrellas,
y seguir tropezando, día a día
en cuanta piedra encuentro.
¿En dónde, la concordia y la sonrisa;
en dónde está el amor, que no respira?
--------------------------
Se entreabre mi ventana humedecida
por el último llanto de la noche.
Relámpagos de angustia que se apagan:
“¡Serenidad! Despierta, vive…”
se aleja la tormenta mortecina.
Y ya, pintiparada, late
la Emuná poderosa: “Cada día,
aunque no lo veamos,
sale el sol”; y un pellizco
de gracia y esperanza
zangolotea al alma adormecida.
Está saliendo el sol… La magia resucita.
lunes, 23 de noviembre de 2020
Louis Armstrong y mi vecina
1
— Ahí está el cadáver de su vecina, comisario—, dice el inspector López; y señala hacia la rendija en el piso del puente.
Otros dos policías se acercan con el bote hacia el carrizal. El río, oscuro y espumoso, se sacude contra las columnas y bate la bolsa macabra.
— Comisario—comenta—, ya la traen.
Nos acercamos a la orilla. Un par de periodistas y fotógrafos judiciales toman la escena; solo ellos y nosotros. No hay familiares ni amigos ni otros vecinos que se hayan percatado de la ausencia de la mujer en los últimos días; parece que soy el único; el que ha dado aviso a mi unidad policial.
Los rescatistas fondean el bote y lo amarran con una maroma. Levantan la carga inflada por el agua y la descomposición, y la dejan sobre la ribera pantanosa. El resto de la patrulla empieza a desempacar el envoltorio.
Voy mirando a medida que aparece el cuerpo. El cadáver hiede; la semana ha sido muy calurosa.
Los ojos siguen desorbitados; la boca, abierta en el grito terrible. Su último amén.
— Estrangulada....
Y soy tan respetado que nadie me señala lo absurdo del comentario; no es un balazo o un degüello. Un cadáver hinchado, blanco y reblandecido no avisa que fue estrangulado.
2-
Durante el día, paso muchas horas mirando por la ventana; pero por la noche, llega lo mejor de mi jubilación: el jazz. Escuchar jazz, tocar la trompeta, improvisar como lo hicieron los pioneros de esta música tan creativa y sensual.
Es mi medalla al mérito, después de pasarme la vida desenmascarando coartadas frente a cadáveres destrozados.
Cuando cae la noche, me saco los zapatos, me apoltrono en el sillón, con el whisky a mano y disfruto de la música y del mundo maravilloso de Louis Armstrong. Un par de horas, y me voy a dormir.
Y sueño con mi vecina. ¿Mi vecina?
Hace un mes que esta mujer se ha mudado a la otra casa del dúplex, contigua a la mía. Pasa todos los días por la vereda. Es una mujer cincuentona, pálida y seca; viste ropas de monja laica; camina a grandes trancos y mira siempre al frente. Una solterona resentida. No sé casi nada de ella. Ni siquiera el nombre… Tampoco sé si habrá advertido alguna vez que las paredes de nuestras habitaciones colindan. Nunca se ha quejado de mis asiduas sesiones de jazz, ni de mi viejo gato que se salta las tapias. Tampoco de mis ronquidos, aunque me está costando dormir.
¡Cosas de vecindario!
Un par de veces estuve a punto de contarle que todas las noches la escucho rezar y cantar; que siento cómo aumenta el volumen de sus cultos, hora tras hora, hasta llegar al aullido; y que, por razones ancestrales que nunca dilucidé, aborrezco los “spirituals” desafinados cuando estoy escuchando o haciendo jazz. Pero no tuve ocasión de abordarla; ni siquiera contesta los buenos días básicos.
3-
Y esta noche de verano, húmeda y pegajosa, ella se cruza en el camino, entre la música y yo. En lo profundo de la medianoche estoy soplando mi versión de “¡Qué mundo maravilloso!”; y la vecina está culminando sus devociones con gritos ululantes.
Mi frenesí musical va mutando a una rabia desenfrenada; hago todo lo posible por superar estos violentos impulsos; soplo con más energía,, pero siempre hay un par de decibelios agudísimos por encima de los de Armstrong. La frustración me ciega: estrello la trompeta contra la pared... y de inmediato la recojo sollozando; y la beso, exasperado y arrepentido.
Louis Armstrong viene en mi ayuda. Una escala cromática trepa desde mi boca a la chimenea lindera; sostengo la melodía con un largo vibrato y después la diluyo en una cuerda aterciopelada y sensual. Desaparece, pero sigo guiándola desde mi patio, como en un ostinato de moscardón; la voy llevando por el pasillo de la casa, y la sitúo sobre su cuello; está tensado hacia atrás como esperándola.
De pronto, el aullido se corta, se oye el peso del cuerpo que cae.
Por encima de la tapia, voy envolviendo mi sedal, para que duerma en el instrumento.
4-
López me despertó con un vaso de café. La comisaría estaba silenciosa y fresca. Parecía compungido por mantenerme esposado.
— Tómelo pronto; nos vamos al río— comenta como si le hablara a un tercero.—Hay que reconocer el cadáver.
— Ya lo hemos visto. Ya debe estar en la morgue.
Como si no me oyera, López sigue con el procedimiento habitual de la investigación.
— Y entonces nos llamó, comisario… ¿Por qué?
— Porque, de repente, Armstrong fluyó nítido y hermoso por mi patio; ella había dejado de rezar.
— Entonces nos dijo que estaba estrangulada. ¿Podía verla? ¿Saltó la tapia, para cerciorarse?
— No. Podía sentir esa liberación, ese sosiego pleno.
— ¿Reconoce estos calcetines?
— ¡Por supuesto! ¡Todos mis calcetines son exclusivos y tienen trompetas bordadas! ¿Cómo los consiguió?
— Estaban junto a la tapia de la occisa. Hay huellas de pies con calcetines, en la habitación de la mujer.
— Mmmm... Armstrong es muy respetuoso. No se hubiera puesto mis calcetines... ¿O tal vez sí? ¿O los habrá llevado el gato?
— ¡Bueno, ya basta! A mí me parece que usted la mató. ¡Saltó la tapia, la estranguló y la tiró al río! Insisto: me parece. Ya lo dirá el juez.
— No, López. Yo no la maté. Fue Louis Armstrong.
domingo, 22 de noviembre de 2020
II- Soy Ana
II-
Aquí yazgo; la ducha está abierta; también la ventana.
A lo lejos, alguien… ¿silba?. Es Pedro; pero no sube las escaleras, ni silba, como creyó la escritora sabihonda. Las está bajando, y ruge furioso. Elsa va con él, con su brazo dorado y fino, apoyado en la baranda… El brazo fino y fuerte de Elsa, la campeona de tennis, hizo su trabajo; pero lo dejó a medias, cuando Pedro arrancó a gritar furioso y burlado. ¡Qué desilusión ese viaje de bodas que planeaban! ¡Como la mía cuando lo constaté!
Me voy sin que Pedro encuentre sus dólares. ¿Algún maleante subrepticio en el country? ¿Alguna ONG que recibió mi depósito antes de que yo entrara en la ducha?
Soy Ana y me estoy muriendo bajo la ducha, mareada, asfixiada, enredada con la toalla a la cintura.
Final de mi extraña vida en el country... Bah: final de mi vida marcada por la pobreza, la ignorancia y los cuentos de hadas. De secretaria bonita a empleada de servicio (de todo servicio), de Pedro... “Mi mujer”, dijo durante un tiempo; madre soltera de un pequeñito que nadie buscó y nadie quiso conocer. Final de una vida sin sueños, fría y vulnerada.
sábado, 18 de julio de 2020
- Una parpadeó en la penumbra y sacudió malhumorada, su letargo. Sus feromonas impregnaban las paredes brillantes de ceras y propóleos. La aturdió el roce de las patas peludas de los zánganos que buscaban salir de sus celdas, Pero sintió que ya se había acabado su tiempo de vuelo,
En un aleteo mustio, casi reptante, abandonó la colmena y se hundió en la noche…
Y La Reina del Pop despertó y se sentó en su cama.
La llovizna que tintineaba en la ventana terminó de borrar los ecos de la colmena.
En medio de la noche dejó su cama y salió al balcón, arrastrando los pies descalzos.
Cuando amaneció, ella estaba sola, desnuda bajo la lluvia.
domingo, 28 de junio de 2020
JUGUEMOS A QUE YO ERA…

